Pasando la cadena

El debate falso del gol

07.09.2015 | 01:56

Sorprende que desde medios de comunicación importantes españoles se proclame, pontificando, que al Madrid de Cristiano o al Barça de Messi les falta gol. Y eso ha ocurrido hasta la semana pasada; y sigue. Y es que, estamos acostumbrados a que los máximos goleadores de nuestra liga superen últimamente con largueza la treintena de goles, cuando hasta el año 90 solo lo habían hecho Zarra en la 50-51 con 38, Di Stéfano en la 56-67 con 31, Baltazar en la 88-89 con 35 y Hugo Sánchez en la siguiente con 38. Incluso ha habido Pichichis con 14 goles, como Amancio en la 68-69, o con 16, como él mismo y Gárate en la siguiente.

Mientras Cristiano y Messi conserven la forma es absurdo hablar de falta de gol en los merengues y culés. Al margen de quienes sean sus entrenadores, el portugués y el argentino superarán los treinta o treinta y cinco goles por temporada, sin contar con sus compañeros de ataque, que aseguran cifras también importantes. Neymar y Suárez andarán cerca de la quincena, cuando no la superen, lo mismo que Bale y Benzema o quienes les sustituyan. Así, aunque será difícil repetir los 50 de Messi en la 2011-12 o los 48 de Cristiano en la pasada, el Madrid y el Barça estarán por el centenar de goles a favor jueguen como jueguen y los dirija quien los dirija. Todo lo demás son cuentos para llenar páginas de prensa y horas de radio o tele. Y para avivar polémicas absurdas, que de ello viven determinados personajes acostumbrados más al infundio, a la palabra facilona y a las tertulias vanas que al análisis sosegado de la realidad futbolística.

El Barça empieza el año repitiendo sistema y jugadores porque sería de locos cambiar lo que ha funcionado bien. Y el Real, por el contrario, apuesta por variar su forma de juego e incluso la posición y nombre de algunos futbolistas porque aspira a destronar a su eterno rival.

Así, fiel a su costumbre, Benítez apuesta por tres medias puntas con un delantero más arriba, surtidos de juego y con el apoyo de dos medios centros y un lateral extremo, alternativamente salvo en casos puntuales, porque el otro suele mantener su posición junto a los centrales. Y en ese esquema, la novedad reside en que Bale ha dejado la banda para jugar por detrás del compañero más en punta y Cristiano tiene barra libre para entrar por donde quiera. Una de las inquietudes veraniegas de vestuario ha sido su negativa a jugar de delantero centro y su recelo respecto al papel del galés, posicionado en el imaginario de don Florentino como sustituto del portugués.

Ya veremos cómo lidia el madrileño Benítez tan espinoso asunto, porque a los celos naturales de estos grandes jugadores se suma el singularísimo del presidente blanco. A veces, como se ha comprobado hasta el esperpento, este juego de tronos perjudica el objetivo común que deberían presidir las decisiones deportivas en una institución como el Real Madrid.

Por otra parte, para algunos es una pena que en el once blanco solo jueguen uno o dos españoles, como ocurrió el otro día frente al Betis. Luego llegará el Barça al Bernabéu, con cuatro o cinco internacionales de nuestra selección, y los ingenuos de siempre sacarán banderas patrias para afearles; de risa.

Pero lo peor es que Benítez sigue apostando, como Ancelotti, por colocar a Kroos como medio centro retrasado en detrimento del único especialista que tiene a sus órdenes: Casemiro. Y eso, contra rivales de menor cuantía como Betis –claro aspirante al descenso salvo que refuerce su defensa– o Gijón puede funcionar. Ahora bien, frente a los Atleti, Barça, Manchester City, Chelsea, Bayern, etc., volverá a ser un punto débil. El alemán rinde a medias en esa posición y en inferioridad a los puntales de esos equipos, porque su verdadero sitio es de medio volante o media punta. Comparémoslo con Albelda en el Valencia o el mismo Alonso en el Liverpool de la mejor época de Benítez.

En cuanto a la selección, no le pidamos peras al olmo. Del Bosque, fiel a su norma, confiará el gol a sus leales. Nunca fue un hombre atrevido. El mejor delantero español de hoy, Adúriz, seguirá siendo un extraño.

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