Barra Verde

Una coalición entre la inteligencia y el trabajo

30.09.2015 | 05:00

Rajoy lleva diciendo a quienes defienden la realización de una consulta para que los catalanes puedan decidir sobre secesión de Cataluña de España, que si querían celebrarla que plantearan una reforma de la Constitución. Pues bien, el 47,74% de votos que obtuvieron las dos listas partidarias de la secesión en las elecciones del 27-S puede ser considerado como una petición alta y clara de esa reforma constitucional a la que el PP se niega. Se abunda en esta interpretación si tenemos en cuenta que todos los partidos políticos presentes en la Cámara catalana no partidarios de la secesión, excepto el PP, con una fórmula u otra piden una reforma de la Constitución que dé encaje adecuado de las aspiraciones de las comunidades históricas. Conjuntamente ambas posturas han obtenido más del 90% de los diputados del Parlamento de Cataluña. Pero sonrojantes resultan también las pretensiones de los partidarios de la secesión de una declaración unilateral de independencia en dieciocho meses con el 47,74% de los votos. Mírense por favor en el espejo de Alex Salomon, primer ministro escocés.

Ya todo el debate político eclipsará cualquier otra cuestión y girará exclusivamente hasta las elecciones generales de diciembre en torno a la cuestión territorial. Y el debate se acrecentará tras las declaraciones del lendakari vasco el pasado fin de semana, solicitando también una consulta pactada con el estado para decidir sobre el futuro político de Euskadi. El problema catalán entonces ya no es tal, es el problema español.

Simultáneamente a este debate sobre quienes somos españoles y quienes no, en plena campaña electoral, se celebrará en París del 30 noviembre al 11 de diciembre la Cumbre de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, cuyo objetivo es firmar un nuevo pacto global para sustituir al ya obsoleto Protocolo de Kioto para mantener el calentamiento global por debajo de los 2ºC. A la par se están celebrando las cruciales negociaciones sobre el Tratado Trasatlántico de Inversiones entre la Unión Europea y Estados Unidos. Entre tanto acontecen estos dos eventos que marcarán la historia del siglo XXI, los españoles protegidos por los Pirineos, como un gusano en su capullo, seguimos centrados en nuestros anacrónicos problemas sobre galgo o podencos, enfrascados en disputas propias del siglo XIX, sin prestar atención a los problemas que nos depara el futuro y dejando que éste nos pase por encima otra vez. Seguimos colonizados por un presente no comprometido con ninguna otra dimensión del tiempo. Es como si no nos importaran los problemas de nuestros de nuestros hijos, de nuestros nietos y de todos los otros que vengan después, ya que su presente que no será nuestro presente ni nuestro futuro.

Me pregunto ¿cuántos catalanes votaron el pasado domingo pensando en estas cuestiones? ¿Cuántos votaron pensando en algo más que una bandera, en el ahora y en un horizonte más allá de dieciocho meses? Quizás cuando unos y otros, ya sea juntos o separados, nos pongamos a buscar soluciones para el cambio climático, para las crisis de recursos en las que ya nos encontramos, para las temperaturas asfixiantes que hemos tenido este verano, en la irrupción de enfermedades tropicales, en el probable inicio del debilitamiento de la corriente termohalina de retorno del Atlántico norte detectado por los científicos, etc. Quizás cuando llegue ese tiempo, el futuro ya nos haya colonizado y sea un presente continuo, quizás perpetuo. ¿Qué pasa con el después? ¿Alguien piensa en él o continuamos inmersos en el «ataque del presente al resto del tiempo»?

Por estas razones, que son mis preocupaciones, al igual que Manuel Azaña en 1930, quiero reclamar desde aquí «una coalición entre la inteligencia y el trabajo», que sirva para retomar el espíritu generoso y constructivo que nos permita sentirnos a todos, unos y otros, comprendidos y estimados, para buscar así un nuevo estado dentro del cual podamos vivir todos y sirva para afrontar los retos que este siglo nos trae, porque las fronteras que nos dividen no son ni lingüísticas ni territoriales, sino sociales y ambientales. Hasta el próximo miércoles.

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