Cuaderno de mano

El pensamiento exiliado

11.10.2015 | 05:00

Ser o tener. ¿Tiene salida pensar esta pregunta? Su respuesta puede convertirle en hormiga o en pájaro. Dude lo necesario. Si lo hace quiere decir que ha entendido la importancia del interrogante. Que está pensando. Y si piensa será capaz de encontrar una palabra que ocupe el silencio o una imagen de la que nazca una construcción verbal. Una idea en el reverso de la luz que crea todas las posibilidades de una sombra, y también en la luminosidad que convierte el mar en un prodigio capaz de modificar el sentido de la realidad. Pensar no es una mera actividad mental, conlleva todo un modo de proceder. Es regresar al punto de partida del yo y responderse hacia adelante. En contra o en favor. De manera autónoma y en juicio siempre. No se ha dado cuenta pero al pensar, en la pregunta que hice resbalar por su saliva y por su mente, se ha convertido en un rebelde contra el último eco de la reforma educativa de Wert. Con la LOMCE desaparece Ética, que era obligatoria en 4º de la ESO, y Filosofía pasará a ser una optativa entre una decena de opciones. En 1º de Bachillerato, se mantiene como obligatoria pero se pierde en 2º, donde sólo es optativa en las opciones de Humanidad y Ciencias Sociales. La periferia de la educación a las que fueron desterradas la Literatura, la Historia, el Arte, la Música. Asignaturas que no son adecuadas disciplinas para la rentabilidad económica del futuro. Pensar no es un valor económico.

Los dioses de Zeus y sus héroes fueron sustituidos por el hombre que encontró en las Humanidades un instrumento eficaz para conocer el pasado, reflexionar sobre las contradicciones humanas, discernir las cosas que pasan cada día con sentido crítico, mejorar el bagaje lingüístico, desarrollar su discurso y saber argumentar las ideas. Y al hombre lo ha desahuciado la mentalidad materialista que únicamente valora al homus economicus y considera que se estudia para ejercer una profesión y ser una herramienta en lugar de para formarse en la interpretación de la realidad. Los docentes llevan décadas advirtiendo que la educación se ha convertido en un negocio y su fin es la empleabilidad. Servir al mercado que debe regular los planes de estudios y sus fines. Sin apoyo social, cercados por la telebasura, por el propio ámbito educativo en el que hay voces que defienden que para comprender el siglo pasado y lo que va de este es bastante más útil comprender a Keynes que a Heidegger, y por la clase política que burocratiza el pensamiento o lo persigue, lo doméstica o lo amordaza, nada han podido hacer contra el maltrato a la Filosofía de las siete plagas de las leyes educativas españolas.

La LGE inició el camino en 1970 y en 1990 la LOGSE fue la primera ley de la democracia que ahondó en ese proceso con la pérdida de presencia en el currículo del bachillerato de la Filosofía y de las lenguas clásicas. Desde entonces, las sucesivas siglas de las leyes educativas han disparado a bocajarro contra las Humanidades. Nunca han existido argumentos que justifiquen su eliminación. Pero el poder siempre ha puesto precio a la cabeza de la filosofía. La razón es que la Filosofía es el ámbito de la libertad civil, analiza al hombre, desenmascara el engaño del poder como el de la unidimensionalidad de los valores económicos. Es demasiado peligrosa para el mantenimiento de la gran cadena de montaje en la que se ha convertido la sociedad en la que impera el poder financiero que ha propiciado el adelgazamiento del Estado, la devaluación de lo público y la devaluación de la democracia. Un panorama provocado por los gestores invisibles de la crisis que nos han dejado indefensos y amenazados por las consecuencias de las viejas y de las nuevas desigualdades, con una grave pérdida de valores. ¿Cómo hacer frente a tantos frentes? La ayuda, o al menos el aliento, tendría que llegarnos desde la voz de los filósofos. Emilio Lledó, Fernando Savater, Victoria Camps, Argullol, Javier Gomá, José Antonio Marina, José Luis Pardo, Tony Judt, Bernard- Henry Lévy. Ellos y otros nos escriben la divulgación de las ideas en las que deberíamos encontrar refugio o el rearme ético. ¿Pero tienen peso los filósofos en una sociedad que piensa en flash! y cree que las ideas son un tuit?

No es la primera vez que vivimos entre sombras, cautivos de las incertidumbres y la inseguridad del futuro. Puede que como Francis Bacon dijo: «quien no quiere pensar es un fanático, quien no puede pensar es un idiota, quien no osa pensar es un cobarde», pero lo cierto es que gran parte de la gente sobrevive acrobáticamente en una precariedad que puede ir a peor. Y otros lo hacen pactando su conciencia con los dogmatismos de la ideología que procesan como si de una religión se tratase. Sin pensamiento no hay alas para volar. ¿Cómo hubiese sido nuestra vida y nuestro mundo sin las ideas de materia, de espacio, de tiempo, de medida o proporción?. La sombra del paro se cierne sobre Platón, Aristóteles, Galileo, Spinoza, Descartes, Kant, Bertrand Russell..., si no reivindicamos que la Educación es la última referencia que nos queda. La que nos enseña que es conveniente poner en entredicho las convicciones establecidas, al igual que los sistemas y las ideologías, las utopías y los fanatismos, los miedos y los mitos. Si somos realmente libres. Cualquier idea que pueda interrogarse desde la esperanza y el escepticismo. Hoy día acumulamos información sin cesar pero desechamos que el trabajo de pensar sea una forma de conocimiento. Al poder le conviene el silencio de la mente. Por eso promueve la industria del ocio que facilita la desconexión de la realidad. Así que si no exigimos una educación en ideas ¿qué clase de educación nos queda?

Hay que sentir el pensamiento y pensar el sentimiento, como dijo Unamuno. De que valoremos su importancia dependerán la justicia, la dignidad, la libertad. Y sobre todo, el significado de lo que somos y de lo que queremos ser.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.com

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Crea tu propio Blog
Enlaces recomendados: Premios Cine