Cartas al director

22.10.2015 | 05:00

Inmigrantes y otros sufrientes, por Pablo Osés Azcona
Harto de oír a políticos lo mucho que hacen por erradicar la pobreza y acogiendo emigrantes. Preguntas que me gustaría que se plantearan:
¿Qué es necesario y urgente hacer contra la pobreza y pro refugiados, si es que piensan de verdad que algo es necesario?
¿Quién lo debe hacer y cuánto cada año?
¿Cuánto creen que les toca a cada uno de ellos?
¿Qué tanto por ciento están haciendo de lo que les toca hacer? Esta me parece la pregunta clave.
¿Si quieren llegar al cien por cien de su deber y cómo lo tienen programado? O si ni siquiera se plantean cumplir con esa obligación, como parece evidente para cualquier espectador pobre o inmigrante.
Todo lo demás que dicen y repiten es bla, bla, bla y contestar por no callar.


Contradictorio, como la vida misma, por Javier Torres Sanz
Contradictorio, como la vida misma, y por tanto debido, es que nos sintamos orgullosos del valor de Sagunto y Numancia y del florecimiento de la cultura romana en España; de la Reconquista y del Califato de Córdoba; de la guerra de la Independencia y de la influencia de la revolución francesa aquí.  ¿Cómo, pues, es posible que haya tantos españoles que no sepan ser algo más equilibrados, ponderar ambos lados del conflicto, aferrados ciegamente a una leyenda blanca o una leyenda negra de nuestra relación con América, lo que cambió de tal manera nuestra historia y la del mundo entero? Con sus descompasados gritos y aspavientos nos hacen en cierto modo a todos cómplices de un espantoso ridículo y contribuyen a que perdamos una parte muy importante de nuestra herencia cultural, social y económica.


Más cercanía y verdad, por Jesús Sánchez-Ajofrín Reverte
Vamos a intentar entendernos desde una posición más cercana. Les diría yo. La tendencia (todavía) en la sociedad actual de sobrestimar en las personas su formación académica, su posición social o su ´pedigrí´ familiar, no parece ser sumamente importante en el contexto para la práctica de la política (por los hechos se ha demostrado lo contrario). No es fácil llegar al pueblo llano desde esa engreída posición. Paparruchas acompañadas de fórmulas estadísticas, citas filosóficas o prósperas economías de mercado no solucionan los acuciantes problemas de la sociedad. De nada vale vender, envueltas en papel celofán, propuestas milagrosas, sin ni siquiera tener fe. Hay que bajarse desde la tarima a ras del suelo y palpar los problemas de las gentes en el nivel donde se encuentran. Dejen de esforzarse en la elección del discurso subliminal que deben elegir en sus campañas electorales para engatusar a la benevolente ignorancia de los ciudadanos.
En el fondo, lo que queremos todos es ir desterrando la mentira de la faz de la política, aunque suene a utopía.

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