En corto

El pellizquito del guiso

23.10.2015 | 05:00

Quien no quiera ver que en el hecho monárquico funciona un aditivo mágico es que no se quiere enterar. Sin ese puntito mágico las monarquías habrían desaparecido hace mucho en los sistemas democráticos, pues la racionalidad no es, desde luego, su líquido elemento. O sea, son irracionales, como toda magia. ¿De donde viene esa magia? Igual que cualquier magia, viene del chisporroteo del pasado, con todos sus milenios de luz y sombra encima, en nuestro presente. El caso es que, contra lo que solemos pensar los racionalistas, las cosas no se van nunca del todo, y queda de ellas una presencia en pretérito a la que justamente llamamos magia. Esto explica tanto los afectos como los desafectos: la banal (y respetable) fascinación de una parte del pueblo, y la no menos banal (e igual de respetable) aversión de otra parte. Esto daría para mucho más, y sería mejor entendido, pero no tengo sitio.

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