Tierra de nadie

Incentivación

10.11.2015 | 05:00

Odio mi vida–, le dice una chica de instituto a otra, en el autobús, volviendo a casa después de las clases.

–Te la cambio –dice su amiga o compañera abandonando la pesada mochila en el suelo-, al menos tu padre tiene curro y no se pasa todo el día tirado en el sofá, delante de la tele.

–¿Llamas curro a lo de mi padre?

–Ya lo sé, es una basura, pero te la cambio, te cambio la vida. Si me das tiempo para ahorrar, te la compro.

Uno es testigo a lo largo de la semana de conversaciones terribles. Dos crías de quince años no deberían hablar con esa amargura. Me pregunto a quién representan temiéndome que a una parte significativa de la población. Vuelvo la vista y veo a un joven de barba incipiente que observa con minuciosidad inquietante a los pasajeros del bus. Los mira como si calculara si la vida de ellos es más llevadera o menos que la suya. Quizá está pensando con quién se cambiaría. Con éste sí, con éste no, con aquél quizá. Solo se fija en los hombres, lo que quiere decir que no se ha planteado cambiar de sexo. Al menos está de acuerdo con algo de lo que le sucede. El sexo es, en efecto, algo que nos sucede, pero la situación en la vida debería ser el producto de una planificación. Si estudio Económicas, haré esto y si Física Nuclear esto otro. Ahora, la planificación no funciona. Si eres bueno quizá acabes en la cárcel. No hay más que ver la cantidad de malhechores que siguen fuera de ella. En la antigüedad había una figura llamada alarma social que habría impedido a los Pujol o a Rato circular libremente.

Que dos crías se planteen intercambiar sus vidas porque cada una está hasta la coronilla de la propia es preocupante, sobre todo si no fueran dos, sino doscientas mil. De continuar progresando a este ritmo, podría darse el caso de que España entera quisiera ser otra. Francia, no, porque no aceptaría el intercambio, ni Alemania, ni Bélgica? Somos capaces de imaginar los países que estarían encantados del trueque, pero ninguno nos conviene. Así que no nos queda más remedio que ser lo que somos. Pero sería bueno que lo incentivaran, como en otro tiempo incentivaban las horas extras o las nocturnas.

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