Sol y sombra

La teoría y la práctica

14.12.2015 | 05:00

Los dos cargos del Partido Popular, el diputado y el embajador, que supuestamente cobraron comisiones por conseguir contratos a empresas en el extranjero, sostienen que se trata todo de una extorsión en medio de una campaña electoral. En el caso del último de ellos, De Arístegui, el ministro de Asuntos Exteriores, rápido en reaccionar, anunció ayer que hay un expediente abierto. Mientras que el presidente del Congreso y candidato por Soria del mismo partido se apresuró a decir que la próxima legislatura tendría que establecer un mayor control de las actividades privadas de los parlamentarios. En cualquier caso y, según están las cosas, se trata ya de minimizar daños.

El problema posiblemente no esté en la Ley sino en las incompatibilidades que existen para hacer que se cumpla, como demuestran los casos no tan lejanos de Trillo, Pujalte y Conde por sus actividades en el sector privado. Entonces también se trataba de «acusaciones falsas e interesadas».

La Ley determina una dedicación exclusiva para los diputados salvo las excepciones que apruebe el Congreso. Pero una cosa es lo que se recoge de manera legal y otra lo que se hace en la práctica. Y en la práctica se permite prácticamente todo. Prevalece la confianza que se tienen entre sí sus señorías, que cuando se ven inmersas en denuncias lo que hacen, generalmente, es desviar el disparo, dar unas explicaciones insuficientes, presentar cuatro o cinco papeles no lo bastante documentados y argumentar que se trata de una caza al hombre por razones políticas o extorsivas.

Lo peor es cuando detrás de la incompatibilidad se esconde el tráfico de influencias y, más tarde, asoman las famosas puertas giratorias. Parece el cuento de nunca acabar, pero así es.

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