La quinta columna

Mandatos y mandatos

La nueva política, en Cataluña, ya era que tú puedes facultarte a ti mismo para declarar la independencia

14.01.2016 | 05:00

Visto lo visto el domingo en Cataluña, no cabe duda de que la nueva política se ha instalado ya entre nosotros. La nueva política es que tú, por ejemplo, renuncias a ser presidente a cambio de que quienes tienen que apoyarte purguen su reticencia a hacerlo –una retractilidad de tres meses– cediéndote el voto de algunos de sus efectivos. O garantizándote que los demás, llegado el caso, nunca votarán en tu contra si está en riesgo la supervivencia del «procés».

La nueva política, en Cataluña, ya era que tú puedes legislar lo que te dé la gana –sobre todo, si contraviene la ley y desestabiliza el país–, o que puedes facultarte a ti mismo para declarar la independencia con menos base parlamentaria de la que se precisa para nombrar al director de la televisión patria. Pero desde el domingo es además un cambalache que obliga a un partido, la CUP, a transgredir el mandato de sus votantes.

Así que lo de respetar el mandato de las urnas no es igual para todos: hay que respetar el mandato general (independencia con menos del 48 por ciento de los votos), pero en aras de éste puede violentarse sin sonrojo el de los electores anticapitalistas, que no depositaron sus papeletas para que dos de sus diez diputados tuvieran que empotrarse en el Grupo de Junts pel Sí (JxS) y los otros ocho se quedaran en el limbo de la oposición limitada o con condiciones.

Así las cosas, Carles Puigdemont tomó ayer posesión como nuevo presidente de la Generalitat, heredando un programa de ruptura con España y un Gobierno que Mas y Junqueras, el nuevo hombre fuerte de la política catalana, habían pactado de antemano. Pero como no es sino un mandado de Mas, un president teledirigido, no pasa nada: había que hacer un sacrificio, para corresponder al del nuevo «molt honorable», y él lo hace: es un cachorro fiel y ha jurado expulsar a los «invasores».

Contando desde ayer, dispone de treinta días para hacer aprobar en el Parlament tres leyes de «desconexión» con el Estado, una de ellas la de la Hacienda catalana; el área, precisamente, que gobernará el emotivo Junqueras, a quien toca ahora arrostrar los peligros, incluso penales, que siempre animó a Mas a afrontar con entereza desde la confortable bancada de la oposición.

Mas tiene gran mandíbula y Junqueras corpachón, pero es más blandengue, aunque mira torcido. ¿Volverá a llorar? ¿Y si ve a la Guardia Civil desfilando por la Diagonal? Porque en esas vamos estando.

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