Tierra de nadie

Desechos

15.01.2016 | 05:00

Viene colándose insensiblemente en nuestras vidas el término monetarizar, que parece una prolongación cacofónica de monetizar, pero que es otra cosa. Significa, si lo hemos entendido bien, transformar en dinero una situación, una idea, una tontería, no sé, una aplicación para móvil, un percance. Si usted se casa y vende la exclusiva a una revista, por ejemplo, está monetarizando su boda. Si se muere, pero hace de ello un negocio, como David Bowie, monetariza su defunción. Si es tesorero del PP y recibe mordidas a cambio de favores, monetariza su puesto. Cuando los hijos demuestran una habilidad, conviene preguntarse si es o no monetarizable para, en función de ello, estimularlos o desanimarlos. Lo no monetarizable, en fin, es una inmundicia, un desecho, una porquería, una basura. Te nombran embajador en la India y lo primero que te preguntas es cómo monetarizar el cargo (ahí tienen a Gustavo de Arístegui, sobre el que pesan acusaciones gravísimas que quizá, listo como es, logre monetarizar de algún modo). Consigues un escaño en el Congreso de los Diputados y más de lo mismo (sigan la pista de Pedro Gómez de la Serna, que se ha hecho fuerte en un escaño). Te casas con una de las hijas del Rey, haces un curso de ESADE y sales convencido de que ese matrimonio hay que monetarizarlo. Hay trenes que solo pasan una vez por delante de tu puerta, etcétera. A monetarizar, a monetarizar, que el mundo se va a acabar. Hubo un tiempo en el que se hablaba de rentabilidades sociales, ideológicas, culturales. Ahora, antes de escribir un poema de amor, debería usted pensar si será monetarizable, lo mismo que antes de escribir una novela de uno u otro género o de escalar el Everest. La monetarización no responde a los esquemas clásicos de producción. No se trata, como hasta hace poco, de monetarizar la fuerza de trabajo, que también, aunque eso da pocos beneficios, cada día menos. Se trata de convertir en dinero la propia existencia, de transformarse uno mismo en papel moneda y de que incluso tu hígado, tu corazón y tus riñones coticen en la Bolsa. Tiempo al tiempo.

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