Las siete esquinas

Chiquilladas

20.01.2016 | 00:50

Está visto que nos fascinan las menudencias y que no nos preocupan en absoluto los temas esenciales. Esta semana todo el mundo está hablando del bebé de la diputada de Podemos, y de las rastas de otro diputado, y de la forma más o menos pintoresca de jurar el cargo que tuvieron los diputados independentistas y los de Podemos. Pero eso es todo. Si realmente este país está en crisis, y si realmente hay miles y miles de familias que lo están pasando muy mal, tenemos una forma maravillosa de disimularlo. Me pregunto cuánta gente ha visto al bebé de Carolina Bescansa y se ha pronunciado sobre si el niño debería estar o no en el Congreso, o sobre si es bueno que su madre le dé el pecho allí mismo, o sobre si debería haberlo dejado en la guardería en vez de tenerlo en el escaño, o sobre si llevarlo fue simple postureo o un indeclinable derecho maternal, o sobre si los periódicos deberían haber pixelado el rostro de un niño al que su madre llevó justamente para que lo viera todo el mundo. Y en cambio, me pregunto cuánta gente sabe que debemos el equivalente a todo el PIB nacional –es decir, un billón de euros– a unos acreedores que son los que nos van a facilitar el dinero para pagar a médicos y profesores (y parlamentarios). Pues bien, me temo que la proporción es de diez a uno a favor de los que conocen al bebé de la diputada Bescansa, pero no tienen ni idea de que España –y por tanto también Cataluña– debe un billón de euros a unos acreedores que le han ido prestando el dinero y a los que habrá que devolvérselo algún día. Y lo que es peor, a los que quizá se lo tenga que ir devolviendo desde ahora mismo el gobierno que se forme en esta legislatura, si es que se llega a formar gobierno y no se convocan elecciones anticipadas.

El problema más grave que tenemos no es el bebé de la diputada ni las rastas del diputado, porque eso son asuntos ridículos. El problema más grave que tenemos es esa deuda y todo lo que significa. Sea quien sea el que gobierne, tendrá las manos atadas por esa deuda, igual que tendrá las manos atadas por las imposiciones de la troika europea que también nos ha dejado dinero y por eso mismo ha impuesto sus severas condiciones de austeridad. Esto es lo que todos deberíamos saber: que si se toman medidas de emergencia social –cosa que sería muy necesaria–, el dinero que se destine a esas medidas urgentes tendrá que recortarse en otras partidas, es decir, que lo que se pague a unos tendrá que recortarse a otros. Y no conviene olvidar que vivimos en un país que lleva ya cuatro años largos de recortes y donde abunda el malestar y el descontento. ¿Somos conscientes de estas cosas? ¿Se comentan en los artículos de opinión, en los debates televisivos, en los programas del Gran Wyoming o de Jordi Évole que se supone que nos sirven para entender lo que está pasando? Yo creo que no.

Y eso es lo grave, lo verdaderamente grave. Se dice que somos un país muy bien informado, y puede que sea cierto, pero en realidad estamos informados sobre menudencias y sobre temas anecdóticos, porque desconocemos las cuestiones realmente importantes. Mucha gente dice, por ejemplo, que quiere un modelo social como el de Dinamarca –eso dice Pablo Iglesias, y si es sincero o no al decirlo, eso yo no lo sé–, pero estoy seguro de que muy poca gente sabría decir quién gobierna en Dinamarca, y cuál es la legislación laboral que hay en vigor ahora mismo, y si hay copago sanitario o no, o despido libre o no. Y aun así, mucha gente aspira a ese modelo y ha votado por él, pero tan sólo ha votado la idea previa que se había forjado, una idea que quizá no tenga nada que ver con la realidad. Y esto es así, repito, porque la información que manejamos es superficial y sólo se centra en los aspectos pintorescos o extravagantes. Y en cambio, lo esencial no nos interesa ni nos llama la atención.

Y volvemos a las mismas. Gobierne quien gobierne, con bebé en el escaño o sin él, con rastas o sin ellas, con piojos o sin ellos, tendrá que hacer frente a una situación económica muy delicada, con una recuperación económica que pende de un hilo y con una Bolsa que se está desplomando (por no hablar de los malos presagios de la economía china). Y en estas circunstancias, el arte de gobernar –que consiste en el arte de tomar decisiones arriesgadas– se va a volver tan difícil como lo fue en los primeros tiempos de la Transición. Pero nosotros seguiremos hablando de rastas y de piojos, como niños en el patio del cole. Qué bien.

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