Pasando la cadena

Impronta y ruleta de técnicos

03.02.2016 | 00:46

Si Di Stéfano fue el jugador total, Zidane la elegancia, pero ambos conjuntaron calidad y garra. Y eso es lo que el francés quiere transmitir a sus jugadores. Ambas figuras están unidas por otra característica fundamental de los genios: la claridad de ideas; ven el fútbol bueno como algo sencillo de jugar. Así lo explicaba el argentino cuando entrenaba, y por eso le enfadaba, sobre todo en sus primeros años, que por mucho que insistiera había jugadores que se empeñaban en hacerlo difícil o simplemente no sabían interpretarlo. Y es que, como todas las virtudes, la clarividencia tiene su lado oscuro: la impaciencia.

Zidane corre el riesgo de perder la calma cuando algo le exaspera; ya le pasó alguna vez como jugador. Y esa puede ser la fiera interna que deberá dominar en su recién iniciado camino en el Real Madrid. Será difícil que la plantilla heredada sepa adaptarse a lo que él quiere transmitir. La paciencia deberá ser doble, o triple, si el madridismo quiere que cuaje en el gran técnico que puede ser: la suya con sus jugadores actuales, la del presidente Pérez con él mismo, y la de la parroquia blanca en esta media temporada de transición. Este año el pescado ya está vendido y habrá que esperar al próximo para que se atisbe el fenómeno futbolístico Zidane, porque el institucional lo tiene asegurado, de momento. Salvo milagro en la Copa de Europa, que todo puede ser, el francés deberá planificar pronto la próxima temporada cambiando algunas claves y nombres de su vestuario. Para empezar debe corregir, si le deja don Florentino, el flagrante desequilibrio en su medio campo: multitud de volantes y medias puntas: Modric, Kroos, Isco, James, Vázquez, Bale, Kovacic; y un solo medio centro: Casemiro, como hemos reiterado, y que no juega.

Precisamente, Simeone, cuyo carácter aguerrido sobrevuela cada partido de su equipo, por lo que antes decíamos, está más que preocupado con ese puesto clave en cualquier equipo que aspire a cosas importantes. Lesionado Tiago se trajo al argentino Augusto desde el Celta, porque tanto el veterano Gabi como el canterano Thomas pueden jugar ahí pero sin las garantías necesarias para llegar al final de temporada con opciones. Y ahora se le ha lesionado también; mala suerte la del Atleti. Es lo que le ocurre al Real, que en cuanto encare las eliminatorias finales de la Champións se le verán las costuras delante de los centrales. La diferencia es que en los blancos es una elección presidencial, por los gustos del también responsable de los fichajes: el hombre orquesta Pérez.

El Cholo se las sabe todas y, encima, tiene a Burgos como los emperadores romanos al esclavo, para recordarle en cada partido mientras le sostiene el laurel sobre su cabeza aquello de «Sic Transit Gloria Mundi» –la gloria mundana es efímera–, sobre todo cuando no se mete la pierna con determinación y clase por delante de la defensa, aparte de tapar huecos. El drama para los colchoneros será la marcha del corajudo técnico argentino, cuestión que se me antoja próxima si no ganan nada este año, como es probable. Eso de hacer milagros con los mimbres de segunda fila que tiene, porque en cuanto les sale uno bueno lo venden: Falcao y Costa, por ejemplo, más enseguida Griezmann, acabará con su paciencia en junio, salvo que por fin le hagan un equipo de garantías para superar las relevantes cotas de éxito alcanzadas estas últimas temporadas. La Premier está al acecho y con ofertas muy tentadoras.

Luis Enrique tuvo que pasar la página el año pasado de ser técnico de un modesto sin estrellas. En Roma se estrelló y en Vigo pudo entrenar a su antojo, pero en cuanto llegó con su librito a Barcelona, ese de las rotaciones y olé sin nadie que le contradiga, estuvo a punto de no comerse el turrón. Menos mal que alguien le susurró, como a los caballos, que Messi no se toca. Y a partir de aceptar su segundo plano llegaron los triunfos. Es lo que tiene dirigir a figuras: más apariencia que realidad de mando, salvo que el entrenador haya sido tan indiscutible como sus dirigidos. En todo caso, el asturiano también ha añadido al juego culé sus propias características de futbolista: más verticalidad y menos toque.
En fin, de los tres grandes, el Madrid espera a Zidane, el Atleti que Simeone no se vaya, y el Barça que Luis Enrique moleste poco.

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