La quinta columna

Iglesias intenta desdoblarse

17.02.2016 | 05:00

Comienza la cuenta atrás para Pedro Sánchez. Una vez fijada la fecha del 2 de marzo para el debate de investidura se acaba el limbo temporal en el que se desenvuelven los contactos y las declaraciones empatadas. Termina, por fin, un tiempo que parecía no ser de nadie por el empeño de todos, incluso del retraído Rajoy, en apropiarse de él.

El calendario corre ahora en contra del presidenciable socialista, que ve satisfecha su petición de disponer de un mes para el intento de allanar obstáculos a sus aspiraciones. Transcurrida ya la mitad del plazo, Sánchez no ha conseguido todavía acotar el terreno de encuentro con los grupos que tienen la última palabra sobre su voluntad de convertirse en gobernante.

Excluido el PP, que para los socialistas no cuenta, el acuerdo con Ciudadanos, insuficiente, parece tan posible como improbable es ahora el entendimiento con Podemos. Pablo Iglesias presentó ayer, con corbata de vicesipresidente, un documento de 100 páginas con la intención de recuperar su protagonismo en una negociación de la que se siente marginado, porque el PSOE se encuentra más cómodo en el cortejo al partido de Albert Rivera.

El líder de Podemos persevera en el empeño de hacerle el Gobierno a Sánchez. Ninguneando a quien va a presidirlo, Iglesias presenta una estructura del futuro Ejecutivo ya cerrada, algo que el PSOE le reprocha sin valorar lo suficiente, por ejemplo, que el organigrama no incluya una Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional. Bajo ese nombre imposible para una tarjeta de visita el filósofo Ricardo Forster, un intelectual de referencia en la cúpula de Podemos, ejercía de guardián de las esencias en el último mandato de Cristina Kirchner. Es el papel que se reserva Iglesias, quien pese a su disposición a la coyunda, espera tan poco de sus potenciales socios que se arroga el papel de vigilarlos desde dentro. Quiere ser Gobierno y oposición a la vez, un desdoblamiento que, más allá de las normas del juego político, desafía incluso las leyes de la física. Y desorienta a sus interlocutores, incapaces de discernir cual de los dos Iglesias les habla en cada momento.

Sin necesidad de llegar a los infranqueables límites, el entendimiento entre PSOE y Podemos está ahora muy lejos y, a falta de él, a Pedro Sánchez no le salen las cuentas.

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