Tierra de nadie

Para las urgencias

22.04.2016 | 01:16

La sucursal del banco de la esquina va a cerrar. Casi mejor. A mí me descubrieron unos ahorros en el fondo de la cuenta y me llamaron para ofrecerme unas acciones que no han dejado de caer desde entonces. Se referían a ellas como un «valor-refugio», pero yo sospecho que cuando me las vendieron ya conocían su futuro. La relación con el banco es como el juego de la Oca: si no caes en la Posada, caes en la Muerte o en la Cárcel. En la época de las Preferentes no me llamaron porque no tenía ahorros, pero seguro que me habrían liado también. ¿Cómo no fiarte de gente tan cercana? Ahora bien, si eres rico, en vez de ofrecerte acciones moribundas, te abren en Panamá una cuenta con la que ganas lo que la clase media pierde en los productos tóxicos. Por eso está bien que comiencen a cerrar sucursales. Si el Banesto de Mario Conde no hubiera tenido tantas oficinas, tampoco habría habido tantos pequeños accionistas estafados. Las abrió a cientos, a miles, para captar pequeños capitales de las periferias o de los núcleos rurales. La sinapsis entre las oficinas funcionaba mejor que mi cabeza tras la primera calada de la mañana al Camel. Los incautos caían en la red nerviosa mientras a Mario Conde lo hacían doctor honoris causa. Cuando las neuronas estallaron, miles de humildes accionistas perdieron sus ahorros. Ahora los grandes bancos corren riesgos porque, paradójicamente, son pequeños. Significa, lo entendamos o no, que cuanto más crecen, menor es su tamaño. Y a eso achacan las pérdidas que sufren en la Bolsa. A eso y a los problemas de Brasil, que nos cae tan lejos. Pero no pasa nada porque se van a concentrar de nuevo. Cuando dos bancos se deciden a copular, lo primero que hacen es cerrar oficinas, para atraerse mutuamente. En la naturaleza hay animales que desprenden sustancias aromáticas que enloquecen al macho o a la hembra. En las finanzas, dejan caer sucursales que huelen a despidos o a jubilaciones anticipadas. Hay tantos ritos de apareamiento como estrellas en el cielo. Total, que la sucursal de la esquina de mi barrio va a cerrar, de lo que me alegro porque a mí es fácil venderme cualquier cosa. Ojalá en su lugar pongan una tienda de chinos, para las urgencias.

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