Tribuna

El helicóptero necesita ayuda

25.04.2016 | 05:00

Casi como un grito de socorro, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, se ha despachado a gusto esta semana –luego amparado por la mayoría de ministros del Eurogrupo y el FMI– contra Alemania y su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, partidario de una subida de los tipos de interés y de eliminar las medidas extraordinarias que ha puesto en marcha el BCE, metafóricamente resumidas en el helicóptero que acuñó el Nobel Milton Friedman, es decir fabricar en masa dinero que se distribuía desde ese aparato para generar inflación.

Lo que dijo Draghi es que las medidas monetarias expansivas que ha tomado, como la compra de deuda, los tipos al cero por ciento o la barra libre de liquidez , y que tanto duelen en Berlín, no han servido para generar un crecimiento robusto en la eurozona y, sobre todo, para cumplir el principal objetivo del BCE, que es el control de la inflación, que esta muy por debajo del 2 % deseado. El helicóptero de Friedman, como explica el director adjunto del IVIE, Joaquín Maudos, ha sido eficaz para estabilizar la economía, contener las primas de riesgo y en su momento salvar el euro, pero ha dado ya de sí todo lo que podía, principalmente porque la máquina de hacer dinero no es suficiente para mantener los objetivos de inflación.

El caso más claro es el de Japón, que lleva quince años intentando generar inflación a través de políticas monetarias expansivas y no lo consigue de ninguna de las maneras. ¿Qué propone Draghi? Pues lo que tantos políticos y economistas llevan reclamando desde hace años, es decir, que, debido a que el «crecimiento real no depende del dinero, sino de las políticas fiscales, de la I+D, etc», como afirma Maudos, las políticas monetarias se complementen con reformas estructurales donde haga falta y con acciones fiscales expansivas para enderezar la economía europea a través de la demanda.

El expresdidente de la Reserva Federal de EEUU, Ben Bernanke, fue muy claro al respecto en una reciente entrevista en El País: «Las reformas estructurales son importantes, desde luego en Europa hay cosas que hacer para que la economía sea más eficiente y productiva. Pero cuando partes de un paro alto, también necesitas medidas fiscales y monetarias. El superávit de Alemania es un ejemplo del problema porque está llevándose demanda de otras economías. Los alemanes podrían hacer más infraestructuras, subir salarios para que los trabajadores alemanes tuvieran más ingresos para gastar y habría menos ventaja en exportaciones. Se pueden hacer otras reformas para animar inversiones privadas, no únicamente gasto público, pero han sido reticentes a la acción monetaria y fiscal. Y es imposible que todos los países tengan un gran superávit comercial». Alemania, sin embargo, sigue obstinada en la austeridad como única receta. Y así nos va.

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