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TTIP, esa Armada (In)vencible

¿Cuáles son las principales amenazas de estos tratados?: una menor autonomía legislativa de los Estados y un poder sin precedente de las multinacionales

11.05.2016 | 00:43

El TTIP y demás tratados sobre libre comercio que se pretenden firmar entre EEUU y la UE: TISA y TAFTA, son los buques insignia de la potente armada comercial que EEUU envía a Europa. Igual que la «Felicísima Armada», apodada por los ingleses «Invencible», la armada americana navega amenazadora a barlovento. Su estrategia es el desembarco e invasión comercial de Europa. Este plan, sin embargo, tendrá el mismo fin que la fracasada invasión de Inglaterra: el fracaso.

Pero, ¿qué son el TTIP, el TISA y el TAFTA? Las siglas inglesas TTIP significan Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones. Es un proyecto para establecer una zona de Libre Comercio entre la UE y EEUU. El TISA es el Acuerdo sobre el Comercio de Servicios. Tiene como objetivo la liberalización de los servicios de: empleo, transporte, comunicación, datos, educación, salud, residuos, suministro de agua, distribución de energía, comercio digital, servicios legales y subvenciones agrícolas. Y el TAFTA es un proyecto de Zona de Libre Comercio entre EEUU y la UE, que incorpora los asuntos de propiedad intelectual y derechos de autor. Se alinea el proyecto con la industria del entretenimiento y ataca las licencias Creative Commons. A ellos se suma el CETA, que es el Acuerdo Integral de Economía y Comercio entre la UE y Canadá. El hermano pequeño del TTIP, del que algunos dicen que es su Caballo de Troya. ¿Pero, qué se juega España con estos tratados? Un ejemplo anecdótico, pero revelador: en relación a las denominaciones de origen los tratados abren la puerta a que imitaciones de vinos como los de Jerez o los de Málaga, o del turrón de Jijona, puedan exportarse a la UE bajo esos nombres aun siendo fabricadas en EEUU.

¿Y cuáles son las principales amenazas de estos tratados?: una menor autonomía legislativa de los Estados; y un poder sin precedente de las multinacionales, a las cuales se les otorga capacidad de colegislación, bajo el eufemismo de «cooperación regulatoria». Esta potestad se apoya en la posibilidad de demandar y exigir indemnizaciones millonarias a los Estados ante tribunales de arbitraje privados, si consideran que sus intereses empresariales pueden ser perjudicados por leyes o políticas. Un ejemplo de esta capacidad es la reclamación que presentó la empresa canadiense TransCanada a EEUU por bloquear la construcción de un oleoducto. Exige 15.000 millones de dólares al Gobierno estadounidense, por los daños provocados por su negativa a aprobar la construcción del oleoducto, que hubiera permitido transportar el crudo desde los yacimientos canadienses hasta las refinerías estadounidenses en el Golfo de México.

Estos tratados son un peligro democrático, social y ecológico, y atentan a las soberanías nacionales. La negociación de los mismos está siendo muy opaca, al imponerse una confidencialidad extrema, que restringe exageradamente el acceso de los diputados europeos a los documentos de la negociación. Esta estrategia es torpe porque no tiene en cuenta o desdeña otros factores, como la movilización ciudadana, rebelión que ha provocado mayor rechazo cada vez a estos tratados, así como el sentimiento creciente que los acuerdos comerciales no tienen en cuenta los intereses de los ciudadanos. La filtración de Greenpeace Holanda reventó la estrategia de opacidad, a la vez que ha confirmado las sospechas que ya existían sobre el contenido del TTIP. A partir de este momento el tratado está muerto. Tras el fracaso de la negociación vuelve a resonar la frase de Felipe II tras la vuelta de la Armada (In)vencible: «Yo envié a mis naves a luchar contra los hombres, no contra las tempestades».

La Comisión Europea dice ahora, sin embargo, que no aceptará en ningún caso una rebaja de la regulación en cuestiones como seguridad alimentaria, protección al consumidor, privacidad o medio ambiente. En el apartado de energía, con todo, los tratados prevén, en su redacción actual, facilitar la exportación, desde EEUU a la UE, de carbón, petróleo crudo, productos derivados del petróleo y gas natural, incluidas las exportaciones de gas de esquisto estadounidense y las de petróleo de arenas bituminosas de Canadá. ¿La creemos? Va a ser que no. Prefiero confiar en este asunto en partidos como EQUO o IU, para los cuales el TTIP es un asunto de oposición frontal. O en Podemos que hará de este asunto un tema central en la campaña electoral a punto de comenzar. Pero señores capitalistas, si pretenden triunfar en esta empresa, que al parecer es de origen divino, como era la de la Armada (In)vencible, lo que pueden hacer es ordenar, a sus negociadores y demás personal de las delegaciones, observar la orden que dio Felipe II a su flota antes de partir: no blasfemar y antes de la caída del día recitar el Ave María y los sábados la Salve.

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