Tribuna

Soy sorda, profesora de inglés y de apoyo al alumnado sordo e hipoacúsico

02.06.2016 | 00:21

Tengo discapacidad auditiva –diversidad funcional auditiva– desde hace veinte años a causa de una enfermedad degenerativa del nervio auditivo. Sin audífonos, soy sorda profunda. Con audífonos, me integro casi totalmente. Soy licenciada en Filología Germánica e intérprete de inglés. Además, llevo veinticuatro años trabajando como profesora de apoyo a alumnado sordo e hipoacúsico en el IES La Rosaleda, por lo que enseño inglés a todo el alumnado sordo cuando se incluye en el currículo de su modalidad educativa y siempre que lo deseen para presentarse a cualquier prueba o examen.

El IES La Rosaleda fue el primer centro con un programa de integración para sordos en Málaga. El primero en prescindir de la exención de idiomas para sordos y el primero en aceptar intérpretes de lengua de signos en la clase como recurso para la integración. También aceptamos el Ciclo de Interpretación.

Los sordos de la generación que rondan los treinta años hoy en día son los que tienen dominio solamente de la lengua de signos, aunque deficitaria en la mayoría de los casos. Ahora, los niños que nacen sordos son implantados casi de inmediato por decisión de los padres, excepto en el caso de padres sordos, con lo que la adquisición de la lengua oral es ya un hecho y nos encontramos muchas veces con una inclusión bilingüe desde el Jardín de Infancia, aunque enfocada al oralismo.

Características de este alumnado

– No son sordomudos.

– Sordas son las personas que tienen lengua de signos, aunque el dominio de esta lengua es, por lo general, deficiente ya que han empezado a adquirirla en el colegio de educación especial (habitualmente a los 6 años), con lo que, en sus primeros años de vida no han tenido lengua materna, la cual se adquiere de 0 a 4 años. Este importante hecho causa bastantes problemas lingüísticos y cognitivos, además de problemas emocionales a lo largo de su vida. Esto es lo que ocurre con el alumnado actual de nuestro centro. La excepción es, por supuesto, el caso en que los padres sean sordos con dominio de lengua de signos y transmitan esta lengua a sus hijos.

– Hipoacúsicas son las personas que no tienen lengua de signos y que, aparentemente, lo comprenden todo, aunque sus deficiencias lingüísticas sean un impedimento para su inclusión. Muchas interactúan de manera aceptable en las relaciones cercanas y, especialmente, con un solo interlocutor, pero no comprenden lo que ocurre a su alrededor cuando se integran en un grupo o en una clase. Es la deficiencia invisible y difícil de comprender para la mayoría de los docentes.

El principal cometido de la Inclusión es el aprendizaje de la lengua oral, –en su modalidad escrita principalmente–, en nuestro caso, el castellano, con el fin de que las personas sordas adquieran las competencias necesarias para su incorporación a niveles de enseñanza superiores y al mundo laboral, ya que es la lengua oral la que les va a hacer personas independientes y válidas para el estudio autónomo y la búsqueda de información.

Respetando la lengua de signos, como lengua oficial, también debemos respetar el derecho a que las personas sordas aprendan inglés o cualquier otra lengua que deseen.

Esto lleva a la reflexión de que una lengua se aprende por inmersión lingüística.

El alumno sordo con lengua de signos o el español o el rumano va a aprender otra lengua con recursos diferentes quizás, pero sin intermediarios. Cierto que el profesorado debe tener nociones de lo que implica ser sordo, pero también tiene nociones de los problemas de aprendizaje y otras diversidades de algunos alumnos en su clase.

Conclusión

Una clase de inglés es una clase de inglés€ para todos. El profesorado que acoja a una persona sorda en su clase debe disponer de una preparación mínima para acercar esa lengua al alumno sordo. Si el alumno sordo, tiene el nivel adecuado para estar en esa clase, aprenderá como todos sus compañeros oyentes, con más o menos dificultad, teniendo siempre en cuenta que su aprendizaje va a ser primordialmente de la comprensión y la expresión escritas, al igual que la lengua castellana, pero cuyo aprendizaje dota a la persona sorda de una libertad importante a la hora de búsqueda de información y de su aprendizaje autónomo.

Debemos luchar por que todo nuestro alumnado pueda leer un poema, pueda comprender una narración, pueda contestar a preguntas sobre un texto. Los niños y niñas con diversidad funcional auditiva también pueden.

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