La señal

Tuiteros de la muerte

17.07.2016 | 05:00

Hay asociaciones, como Magna Política, que nacieron con buen pie, con una idea novedosa, pero que cayeron en la inacción y se marchitan. En este caso, el fin era la elaboración de propuestas de interés general que ofrecer a los partidos y a cualesquiera que se prestara a escucharlos para beneficio de la sociedad. Pero tan importante es concebir como mantener, señor presidente. Sin embargo, en Lex + Urbanismo, en un magnífico piso de Piscis en Plaza de Toros Vieja, trabajan Antonio Juárez y Sergio González a toda máquina y no corta el mar sino vuela un velero bergantín, que garabateó Espronceda. Hablando de la mar, como dice mi amigo Justo Rodríguez, esforzado practicante del remo en el Club Mediterráneo, el catastro es la fuerza de la vida, el catastro es lo que queda. Sabiduría de un abuelo en el pueblo cuando él era un chaval. Justo tiene la figura de Brad Pitt en Piratas del Caribe. Él también cultiva el derecho, en este caso el laboral, y con éxito.

A propósito, me voy al cine, no quiero perderme Premonición, con Anthony Hopkins y Colin Farrell. Cuando salgo de la sala me encuentro con el problema de que Susana Díaz no ha dado todavía el paso al frente para apartar a Sánchez y hacerse, primero, con la secretaría general del partido para, más tarde, optar como candidata a la presidencia del Gobierno. Y mientras tanto, el susodicho apura las hieles de la derrota y se lo hace pagar a España. Estos males vienen de la época de Rodríguez Zapatero, cuando empezó a torcerse el PSOE como la escultura esa que se erige a las puertas del CAC. Ya decía T. S. Eliot que la mayoría de los problemas en el mundo están causados por gente que quiere ser importante.

Y en esto se nos muere en los brazos Juan Peña «El Lebrijano», el gran patriarca que se atrevió con la música sinfónica y la poesía, todavía le recuerdo con la Orquesta Andalusí de Tánger.

Pero aquí lo que nos tenemos que sacudir de una vez es a esa panda de malvados que a través de las redes sociales pretenden humillar a las víctimas del terrorismo, caso del ridículo César Strawberry, cantante de Def con Dos, que es juzgado en la Audiencia Nacional por enaltecimiento del terrorismo. Ahora, precisamente, el Tribunal Supremo se ha pronunciado por vez primera sobre este asunto y ha condenado a un año de cárcel a una joven que se burlaba en sus tuits de víctimas de ETA. En realidad, se trata de que quieren destacar y como no lo consiguen como la gente honrada, amando y trabajando, se enmierdan. Después está el tal Guillermo Zapata sobre el que, por fin y pese a Pedraz, que había archivado el caso tres veces, la Audiencia Nacional considera que el tuit sobre Irene Villa tiene plena idoneidad de ofender.

¡Qué trabajito cuesta llevar ante los tribunales a los malos!, y después que los condenen, claro, lo que no siempre ocurre. También está el rapero Hasel, condenado por apología del terrorismo y podemita de vocación. Y los cafres que han insultado al torero Víctor Barrio, hace escasas fechas muerto en una brutal cogida, como el «profesor» valenciano que «bailará y meará» sobre la tumba del torero, dice el desalmado. El matador Juan Diego explica que estos humillantes ataques son la punta del iceberg que sufre desde hace tiempo el mundo taurino, «tras el velo del buenismo y del animalismo se esconden personas que incitan al odio y a la violencia y que no igualan a las personas con los animales, sino que los degradan». Y si encima no puedes ingresar en un hospital del SAS porque los médicos y enfermeras no aguantan más pues? Resulta que una enfermera sustituta renuncia tras una guardia sola en el Clínico con una planta a su cargo de treinta y seis pacientes, y además la sancionan con sesenta días, para que sirva de escarmiento, no les vaya a dar a otros su ataque de ansiedad. ¡Olé! Pues lo que tienes que hacer entonces es refugiarte en San Juan de la Cruz que, en su Cántico espiritual, le hace decir a la Esposa:

Mi Amado, las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos.
La noche sosegada,
en par de los levantes de la aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena, que recrea y enamora.

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