Punto final

El victorioso salto de la rana

22.07.2016 | 05:00

"Fantástico, único trabajo de todo el equipo de Santi Hernández, ¡fabuloso!", pregonaba Emilio Alzamora, manager de Márquez tras el sonado y sonoro triunfo (tercero de la temporada tras Argentina y Austin) de su pupilo. «La reconstrucción, en tiempo récord, que han hecho los mecánicos de Marc ha sido extraordinaria», explicaba Livio Suppo, uno de los jefazos del team Repsol-Honda bajo el podio, sabedor de que esa reconstrucción, en una hora y 57 minutos, no está al alcance de muchos equipos. «Aquí el que se la ha jugado ha sido Marc, nosotros solo somos su complemento», rezaba Santi Hernández, el mismo, sí, que en Phillip Island (Australia), fue acusado, en 2013, de no estar a la altura de MotoGP. «Son fabulosos, son míos, son los mejores, gano con, por y para ellos», reconoció Márquez. Pues bien, que lo sepan, desde aquel fracaso, porque lo fue, sí, este equipo, estos amigos, los amigos de Marc, han ganado todas las carreras flag to flag, es decir, de cambio de moto, que ha habido: Assen, Misano, Sachsenring, Argentina?todas.

Dicen las cuentas que cuando Márquez sale líder del Mundial de su jardín, de Alemania, gana el título. Ocurrió en 2010 (125cc) cuando salió con 26 puntos más que Pol Espargaró; sucedió en 2012 (Moto2) cuando abandonó su trazado favorito con 43 puntos más que Polyccio; se repitió en 2013, su primer año en MotoGP, cuando dejó Alemania con 2 puntos más que Dani Pedrosa y ocurrió también, sí, también, en el maravilloso 2014, cuando ganó 12 carreras, al dejar Sachsenring con 77 puntos más que Pedrosa. «El comodín –contaba ayer Márquez– se ha convertido en un pequeño colchón, ahora ya son 48 puntos sobre Lorenzo y 59 sobre Vale, pero queda medio Mundial y pueden ocurrir muchas, demasiadas, cosas».

Márquez no solo maravilló a los 93.213 espectadores que retaron a la lluvia. También dejó boquiabierto a todos los suyos, incluido su equipo, incluido Alzamora, Suppo, Hernández y un superfeliz Shuhei Nakamoto, el gran jefe de Honda en los circuitos, que aplaudía a rabiar bajo el podio. «¿Que cómo lo hemos hecho?, sencillo: antes de empezar la carrera, intuíamos que podía secarse la pista o, al menos, hacerse un carril. Con Santi, como siempre, hemos descartado el neumático intermedio, el liso con rayas para lluvia. Si entraba era para coger la moto con los slics. Y así lo hemos hecho. En cuanto he visto que no estaba cómodo, me la he jugado».

¿Cómo? Pues, según ellos, muy sencillo. Al pasar frente al muro en la vuelta anterior a entrar, es decir, la 12 de 30, «he levantado la mano izquierda». Era la señal de que preparasen la moto de seco. «Y, justo antes de trazar la última curva, la que precede a la entrada del pit-lane, del taller, del box, he vuelto a levantar la mano izquierda para que la viese Roger (Van de Bought, uno de sus ayudantes), que estaba con un walkie en esa curva para avisar, de inmediato, a Santi al grito de ¡que entra! ¡que entra!».
Entró, saltó, voló, despegó y ganó.

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