Impresiones

Votantes cabreados

10.10.2016 | 00:01

Los políticos se equivocan con frecuencia y cuando lo hacen meten a sus países en líos muy serios. Como Cameron, que por solucionar un problema del partido conservador acabó sacando a su país de la Unión Europea. O como Hitler y Saddam Hussein, cuyos errores llevaron a la destrucción de Alemania e Irak pues ya se sabe, como decía Talleyrand, que las equivocaciones son peores que los crímenes, que también cometieron ambos en abundancia. Otro ejemplo es la Primera Guerra Mundial, que nadie deseaba pero a la que se llegó por una concatenación de errores que costaron millones de muertos y que dieron al traste con cuatro imperios, a la vez que iniciaban la decadencia de Europa y el ascenso de los Estados Unidos hacia el liderazgo mundial. Y no digo que los pueblos también se equivocan porque los pueblos no existen como entidades con voluntad colectiva (lo siento, amigos catalanes) ya que lo que existen son las personas individuales que los integran, que son las que votan y deciden, y que no se si también se equivocan.

Porque lo cierto es que en los últimos tiempos los votantes han echado por tierra todos los referenda y plebiscitos que les han puesto por delante. Empezaron los franceses votando contra la constitución europea y el último ejemplo ha sido el rechazo de los colombianos del acuerdo de paz entre el Gobierno y las FARC, que ha caído como un jarro de agua fría porque nadie lo esperaba. A toro pasado cabe deducir que ha habido muchas prisas en convocar el plebiscito, que no se ha hecho suficiente pedagogía sobre las ventajas de un acuerdo que ponía fin a 52 años de guerra, que no se ha tenido suficientemente en cuenta que la mayoría de los colombianos quería que los guerrilleros paguen por el mucho sufrimiento que han provocado y, probablemente, que al presidente Santos le faltó mano izquierda para «hacerse perdonar por el padre» y buscar un entendimiento con Uribe, opuesto a un acuerdo que paradójicamente solo ha sido posible por su previa «política erradicadora» de guerra sin cuartel. Por suerte ambas partes han aceptado el varapalo y dicen que van a introducir «rectificaciones» que puedan hacerlo aceptable. Veremos si lo logran. Y a Santos le han dado el Nobel de la Paz. Se lo merece porque la ha peleado. Me alegro.

En el Brexit también se equivocaron los encuestadores porque los británicos no han querido seguir en Europa. El resultado nos hace daño a todos. Theresa May acaba de decir en Birmingham que no hay vuelta atrás, que recuperará la soberanía nacional, que iniciará el proceso de desconexión en marzo y que no habrá libertad de circulación de personas ni obediencia al Tribunal de Justicia Europeo, aunque eso les deje fuera del mercado único, que es algo muy malo para ellos. Gran Bretaña va a quedar a la deriva y solitaria en el Atlántico. Al parecer es lo que quieren, aunque quede la duda de si los votantes tuvieron suficiente información fidedigna a su alcance.

Y otro referéndum fallido estos días ha sido el de Hungría donde el 98% de los participantes han votado en contra de que la Unión Europea fije cuotas de refugiados a los países que la integran. Afortunadamente el 60% de los votantes se quedaron en casa y quitaron validez jurídica a la consulta, aunque Orban la quiera presentar como un triunfo. Y aunque haya fracasado, es muy preocupante esa deriva autoritaria, nacionalista, insolidaria y xenófoba que crece en varios países de Europa central y que se acaba de manifestar también en las recientes votaciones a favor de Alternativa por Alemania. Sobra populismo.
Los tres casos citados tienen en común las muchas mentiras que dijeron los políticos para influir en el voto y el hecho de dejar detrás países divididos y polarizados.

Yo no estoy seguro de si los que se equivocan son los convocantes de las consultas o si también lo hacen los votantes, aunque decir esto sea políticamente muy incorrecto. Pero a veces se equivocan, como se equivocaron los del PSOE cuando eligieron en primarias a un líder como Pedro Sánchez que les llevó con mano firme a cuatro derrotas electorales y al menor número de escaños de su centenaria historia. Y que si no le paran les hubiera llevado a un quinto desastre en un par de meses. Claro que también cabe preguntarse si aquellos electores votaron libremente o si se limitaron a refrendar una maniobra de los barones para evitar que el elegido fuera Eduardo Madina. Lo ocurrido deja ahora al partido en una pésima situación porque haga lo que haga, siempre pierde.

Los plebiscitos y los referendos se hacen para ganarlos. Cuando se pierden tantos, uno tras otro, hay que preguntarse si los políticos son realmente tan torpes, que lo son, o si lo que ocurre en realidad es que los votantes están hasta el gorro y tan cabreados que votan contra todo lo que les proponen. Quizás por eso habría que dar más cancha a los parlamentos, que para eso están. Sobran populismos e ideas simplonas y me preocupa porque por esta vía llegaremos a Trump, que anda sorprendentemente cerca de Hillary Clinton en las encuestas, y que si al final pierde no será por sus ideas, como debería ser, sino por sus continuas salidas de tono.

*Jorge Dezcállar es diplomático

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Crea tu propio Blog
Enlaces recomendados: Premios Cine