Vida y milagros de un zurdo

Ariel Rock

25.10.2016 | 11:46

Doce del mediodía y la introducción de guitarra de Folsom Prison Blues de Johnny Cash que tengo de tono en mi móvil empieza a taladrarme el sueño con precisión, ayer terminamos tarde de tocar en Antequera presentando el disco en Cambayá Club, delante de un público culto y de culto, de los que no se tragan cualquier moto para vender, por eso es un orgullo sus parabienes y su compra masiva del disco, eso sí, el cansancio y el gin tonic de punto y seguido de la despedida me tienen por K.O. técnico buscando las tablas del sofá de casa.

La segunda llamada no se hace esperar un número desconocido para la agenda, pero consigo levantarme a mitad de la estrofa del hombre de negro y abrir línea "como andás zurdito, soy Ariel». Creo que la mejor medicina contra la resaca post concierto es una llamada del maestro Rot. «El sábado estoy en Málaga te llevás tu guitarra y nos tocamos una ¿no?». Los tipos con clase y elegancia la demuestran veinticuatros horas al día; él la tiene en cada acorde de sus canciones, dentro y fuera del escenario, por eso hay que cuadrarse y quitarse el sombrero delante de un verdadero maestro de la vida y el rock.

Se viene este sábado 29 para nuestra city malacitana, concretamente a la Sala Trinchera con un nuevo disco -La Manada- bajo el brazo y una banda que quita el hipo con habituales como Tony Jurado a la batería, Mauro Mietta a los teclados y como no podía ser de otra forma mi hermano Candy Caramelo al bajo, otro motivo más de celebración por poder reencontrarme con él, esta vez en mi tierra.

Ariel es uno de mis próceres del rock y uno de los culpables de que me dedique a esto, –mi primera banda ya como solista se llamaba Vicios Caros– porque aunaba el arte de hacer canciones con progresiones de acordes muy originales, melodías de voces pegadizas, una forma de escribir muy personal y todo eso acompañado de una forma de tocar la guitarra fuera de serie, mezclando el pop beatleliano, el swing, el rock más clásico del abuelo Chuck Berry y del papa Richards, con ramalazos manouches a la Django, el tango, el latín y el folcklore autóctono de su país. Todo un abanico de riff vibrantes e innovadores, que siempre te sacan una sonrisa de envidia sana, «¿como se le puede ocurrir esto?».

Parte imborrable de la historia musical del rock en castellano, nos enseñó a tocar rocanrol cuando estábamos en pañales con los Tequila, nos enseñó el poder de las buenas canciones con los Rodríguez y hoy sigue en plena forma, enseñándonos como llevar una carrera tan extensa y exitosa con consecuencia y fidelidad a la excelencia, todo un perfeccionista del oficio y sabiendo gambetear la montaña rusa de este mundillo, trabajador innato, que tiene ganado a pulso el respeto y el aplauso de todos los compañeros y que me enseñó una lección magistral que siempre recordaré. Tras un concierto en Guadalajara me dijo «Zurdo!» mientras agarraba su amplificador y dirigiéndose a la furgoneta, lo alzó y lo metió dentro entre todos los bártulos, «esto es el rocanrol, que no te engañe nadie».

Y ahí seguimos, este sábado volveré a sentirme orgulloso del camino que he elegido, porque estas buenas noticias te hacen reafirmarte en ello, te insuflan energía para seguir luchando por vivir de lo que te gusta y disfrutar cada momento, por las horas dedicadas al instrumento, a escribir, a grabar a dejar tantas cosas importantes por lo que realmente te importa y te da la vida. Gracias maestro por darme la razón y por hacerme tan feliz. Este sábado tenéis una cita con el rocanrol en persona, el señor Ariel Rot. «Uno recuerda con aprecio a sus maestros brillantes, pero con gratitud a aquellos que tocaron nuestros sentimientos», Carl Gustav Jung.

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