Inventario de perplejidades

Un Gobierno grato a los mercados

05.11.2016 | 02:23

Tras un año de gestiones fallidas, dos citas electorales y riesgo de una tercera, al fin hemos conseguido formar un Gobierno grato a los mercados y a la señora Merkel, que es el ama dominante que nos flagela con el déficit presupuestario y los recortes sociales. Una vez conseguido esto, que no ha sido fácil porque la aritmética parlamentaria no daba para formar una mayoría estable tanto a derecha como a izquierda, queda pendiente la tarea de mantener con vida a ese mismo Gobierno a ser posible hasta el final de la legislatura. Y mientras tanto recauchutar el bipartidismo turnante que quedó averiado gravemente por su costado izquierdo con el hundimiento electoral del PSOE. La tarea tiene sus complicaciones porque, por un lado, quienes apoyaron a don Mariano Rajoy con sus votos y sus abstenciones deben aparentar una oposición dura y exigente ante sus militantes y votantes, y, por otro, tendrán que pactar bajo cuerda la continuidad de las políticas neoliberales sin que se note demasiado. En ese sentido, el que más complicado lo tiene es el PSOE, que acaba de tirar por la ventana al secretario general que se atrevió a estudiar un Gobierno alternativo con Podemos. El partido que fundó Pablo Iglesias el Viejo debe elegir un nuevo líder (ha consumido cuatro desde que Felipe González dejó el cargo), articular una oferta ideológica que permita distinguirlo de la derecha aunque sea mínimamente (la cuarta vía o algo parecido), aclarar sus relaciones fraternales con el PSC y rejuvenecer sus cuadros. De su presunto republicanismo y de su inconcreta oferta federal ya no decimos nada porque bastantes incoherencias debe resolver antes de transitar por ese jardín. El equilibrio parlamentario de ese «menage a trois» es problemático y está por ver si el señor Rajoy sabe administrar su inestable mayoría minoritaria con la misma pachorra con que administró su pasada mayoría absoluta. Aunque tienen dos bazas a su favor. Una, el apoyo de la señora Merkel a su política de austeridad presupuestaria, y otra la potencia de fuego de una renovada «Brunete mediática», feliz imagen literaria con la que el recordado Xabier Arzallus aludía a la prensa madrileña. Respecto del primer asunto hay que asombrarse de la sintonía que alcanzaron ambos políticos durante el breve paseo que hicieron a solas por un tramo del camino de Santiago, no dominando uno el alemán y la otra el castellano. Y por lo que toca a la segunda, de la rapidez y la potencia de fuego con la que ha entrado en combate contra el defenestrado Sánchez y contra Podemos y sus alrededores. En dos páginas enfrentadas de un diario madrileño, cuatro columnistas ponen a escurrir al ex secretario general del PSOE. Uno de ellos duda de su salud mental y sugiere que en el Congreso debería existir un examen psiquiátrico previo para evitar que personajes desequilibrados puedan aspirar a pilotar la nave del Estado. Y estamos empezando la legislatura...

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