Cartas al director

03.02.2017 | 23:16

Otro sablazo más

Las verduras y hortalizas han aumentado su precio una barbaridad (Bueno ellas no, los han aumentado las empresas que las manejan), y, en cambio, la administración nos aconseja hacer dieta mediterránea que las incluye para favorecer nuestra salud. Los precios de la lechuga iceberg se han cuadruplicado, los del calabacín, se han triplicado y los del brócoli y el pepino, se han duplicado, etc, etc.

El representante de Proexport Fernando Gómez, haciéndose el ángel protector de Europa, como alma caritativa y buena, manifiesta cínicamente que «menos mal que el sureste español ha sido capaz de producir hortalizas en esta época invernal, porque si no Europa no tendría oferta de ningún tipo», cuando a ellos les importa un bledo el temporal, lo que les importa es que no hay verduras y hortalizas en Europa y se frotan las manos pensando en sus enormes ganancias.

El incremento medio de un agricultor español, dicen los periódicos locales, ha sido de una subida de sus ganancias de 7 céntimos por kilo y, por el contrario, los comercios españoles le han aplicado 70 céntimos. Un brutal 1.000%. No le veo lógica. ¿Por qué alguien no controla esto? A perder siempre el maltratado bolsillo del sufridor pase lo que pase.

¿También debemos pagar nosotros los temporales de Europa? ¿Es esto la globalización? Pues, entonces yo no quiero estar tan globalizado y si que quiero que alguien me garantice unos precios estables en mi país y que primero se suministre a los consumidores habituales que, al fin y al cabo, somos los que siempre les compramos los productos españoles a estas grandes empresas como Anecoop, Proexport, etc, y les aseguramos un mercado estable a las duras y a las maduras.

El sabio refranero español (cuando no existía la globalización) ya decía que: «A río revuelto, ganancia de pescadores». Hoy con ella, posiblemente, diría: «A temporal, ganancia de las grandes empresas y pérdida de siempre el mismo, el consumidor». Yo me pregunto si: ¿No debería asegurarnos alguien que la diferencia entre la subida del precio en el campo y en los comercios fuera más razonable cuando hablamos de productos tan necesarios para el ciudadano? Quizás alguien debería recortar ese enorme margen de ganancias entre el precio del producto en el campo y el comercio y poner un tope de beneficios a los intermediarios para reducir esa desproporcionada diferencia. Eso sí que sería favorecer al sufrido pueblo, a quien le vienen los golpes por todos los lados, a saber, todos los incrementos de la luz, las verduras, los impuestos, etc., etc.

¿Tiene algún gobierno interés en descargarnos un poquito de peso y evitar que todos nos metan la mano en los bolsillos? La constante es que todos se hacen ricos a nuestra costa, incluso ellos. Quizás, me hago demasiadas preguntas, y eso no es bueno, ni para unos, ni para los otros.

Así y todo, que tengan un buen día.
Víctor Mengual Arrufat
Málaga

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