Tierra de nadie

Eso es un misterio

06.02.2017 | 05:00

Muchas familias, cuando se reúnen a merendar, pactan previamente no hablar de política. Es un modo de que la fiesta discurra en paz y de que se afiancen los lazos que los unen en vez de reforzar los que les separan. Da buenos resultados en las fiestas navideñas, pero también en los encuentros que se tienen a lo largo del año, sea por las bodas de oro de los abuelos o la primera comunión del nieto.
-Prohibido hablar de política.

He asistido a muchas de estas reuniones en las que jamás se ha prohibido hablar, no sé, de literatura, de fútbol, de gastronomía o de biología molecular. Solo la política posee la facultad de sacar lo peor de cada uno y de romper familias o amistades que parecían invulnerables. Fíjense cómo ha terminado (si ha llegado a su fin) el idilio entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, a los que hemos visto darse besos en la boca. ¿Por qué? Por hablar de política. Es evidente que el otro día, cuando fueron sorprendidos por los fotógrafos del Congreso en actitud beligerante, no se estaban recomendando un libro o una película, ni siquiera un champú con acondicionador. No, hablaban de política.

¿Pero de qué hablamos cuando hablamos de política?

Evidentemente, de otra cosa, no estamos muy seguros de qué, pero de otra cosa. Quizá de lo injusta que ha sido la vida conmigo y de lo generosa que ha sido contigo. Tal vez, cuando dos hermanos se pelean por defender uno a Pedro Sánchez y el otro a Susana Díaz, lo que se están echando en cara en realidad es que el otro fuera el favorito de mamá. El «otro» son ambos, pues ninguno de los dos se sintió el preferido. Es muy difícil discutir directamente del lugar que uno ha ocupado en los afectos de los padres, ya sea por una cuestión de pudor o de mera imposibilidad psicológica.

Podría ser, entonces, que cuando las familias se rompen por hablar de política, se estén rompiendo en el fondo, porque sus miembros no se sintieron suficientemente queridos o apoyados por sus progenitores en época remotas. En todo caso, lo cierto es que fingimos hablar de política para hablar de otra cosa. ¿De qué otra cosa? Eso es un misterio.

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