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Trump contra los malos

08.02.2017 | 05:00

Muchos europeos se continúan pellizcando por la victoria de Donald Trump. Que obtuviera menos votos populares que la Clinton apenas alivia la perplejidad. ¿Cómo es posible que tantos ciudadanos votaran a ese personaje, y cómo puede ser que sus primeras medidas tengan el apoyo de la mitad de la población?

Para entenderlo hay que apartar la vista de los editoriales de la prensa más reflexiva y de las imágenes de las protestas en las grandes ciudades multiétnicas, y mirar un rato la televisión, que es la ventana al mundo de la mayoría de la gente. NCIS (siglas en inglés de Servicio de Investigación Criminal de la Armada) es una serie de televisión que se ha podido ver por las cadenas españolas con los títulos de Navy y NCIS Los Ángeles. Sus protagonistas son, naturalmente, muy listos, muy fuertes (los que reparten leña), muy militares y muy patriotas. Siempre atrapan al malo y evitan graves amenazas a la seguridad de Estados Unidos. Ha tenido audiencias de dieciséis y diecisiete millones de espectadores entre 2009 y 2013 y es una de las series más seguidas en muchos estados. Los protagonistas principales son un agente blanco y otro de color, pero la interracialidad tiene un límite: cuando la trama aparece un personaje del Oriente Medio, tiene grandes probabilidades de ser el malo del capítulo. No importa si es sirio, iraquí o iraní: bajo la apariencia de un refugiado o un estudiante esconde un pérfido terrorista que los héroes neutralizan a tiempo de evitar el atentado.

Semana tras semana, este tipo de contenidos practica sendos masajes a domicilio a las familias de EEUU, y refuerzan sus prejuicios. Las tramas de la ficción televisiva transmiten más ideología que mil tuits, y estos a su vez penetran mejor si caen en terreno abonado. El entretenimiento televisivo es uno de los abonos más eficaces y silenciosos para la simiente populista. Politólogos y sociólogos tienden a analizar los noticiarios televisivos, a veces con el cronometro en mano, para entender cómo afectan los medios a la opinión pública, y desprecian el papel que siempre ha ejercido la ficción como gran formador de la ideología política de la mayoría, de los cuentos de Homero a las películas de Rambo. Mal hecho.

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