Tierra de nadie

Muy agradecido

21.04.2017 | 10:43

Me compré una Historia del Mundo Actual, para entenderlo, y a las 24 horas de comenzar a leerlo detuvieron a Ignacio González. Tras enterarme de los cargos que se le imputan, y que afectan a un tercio o así del Código Penal, entré en detalles y al cuarto de hora me había perdido. Ochenta y cuatro millones por aquí, diez por allá, cinco por acullá? Compra de empresas fraudulentas, o compra fraudulenta de empresas, ahora no caigo. Viajes extraños a Colombia, bolsas llenas, supuestamente, de metálico que aparecen y desaparecen. Todo ello sin contar el asunto del ático, regalo, se comenta, de un gánster que le devolvía de este modo favores llevados a cabo desde la Administración. Vi por la tele algunas imágenes de su casa de Madrid, en cuyas cercanías fue detenido, y resulta que vivía en una mansión incompatible con el sueldo de un servidor público.

Me perdí a los quince minutos de empezar a leer, ya digo, y volví al primer tomo de la Historia del Mundo Actual, que me pareció menos complicada, pese a que comienza después de la Segunda Guerra Mundial. Cuando llevaba media hora enfrascado en sus páginas, comprendiéndolo todo, dejé el libro a un lado y me pregunté de qué me servía entender el mundo si no entendía el caso de Ignacio González. Ni el de Ignacio González, ni el de la Gürtel, ni el de la Púnica, ni el de la corrupción de Valencia, ni la psicología de Bárcenas o Rato. Algo fallaba: o me contaban mal la historia del mundo o me contaban mal la historia de Esperanza Aguirre al frente de la Comunidad de Madrid. O bien yo era idiota para una cosa y listo para otra.

Tomé entonces una Historia del Pensamiento que conservo desde mis tiempos de estudiante de Filosofía, revisé el índice y leí la Génesis ideal de la materia en Bergson. Lo entendí, con dificultades, pero lo entendí. Es más, me enriqueció. ¿Cómo puedo, me pregunté, comprender un artículo filosófico y no entender la forma de comprar por veinte millones de euros una empresa que al mes siguiente vale cinco y, al siguiente, nada? ¿Puede uno saber lo que es una semana e ignorar lo que es un día? Así las cosas, abandoné los conflictos contemporáneos y regresé a Platón, que es muy agradecido.

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