Cartas al director

06.07.2017 | 00:02

'La España de las Españas', por Cristina Castro

Desde hace años, lo españoles venimos conviviendo con el independentismo catalán como si se tratase de una canción de fondo que suena cuando menos lo esperamos, pero que nunca acaba de tocarse. Y es que este año de nuevo, se vuelve a abrir la lucha por conseguir un referéndum de autodeterminación para Cataluña, al que el Gobierno central se opone. Francamente no creo que Cataluña tenga la culpa de nada, los españoles llevamos sufriendo golpes de estado, dictaduras, y reyes absolutistas durante la mayor parte de nuestra historia como país, y todos ellos han tenido como meta imponer un falso nacionalismo unificado y centralista que poco tenía que ver con la realidad de nuestro país. Vivimos en un país con cinco climas diferentes, cuatro lenguas oficiales y para colmo, al tener una gastronomía con apellidos, tampoco podemos ponernos de acuerdo en un plato nacional, dado que ni siquiera un simple cocido se hace igual en Galicia, que en Madrid. Sin embargo todo esto, lejos de ser una mala noticia, refuerza la identidad de nuestra nación de naciones. Dejemos a los dictadores y viejos reyes el deseo de reprimir culturas y separar familias. La convivencia no es imponer al resto una manera de actuar diferente, sino aceptar las diferencias del resto para de tal manera actuar juntos.

'No se puede decir', por María Faes Risco

Como es lógico, sigue coleando el escándalo de la exclusión de Juan Carlos I de la conmemoración de los 40 años de democracia. Una conocida periodista recuerda que ya se le ha arrinconado varias veces, «como a un apestado»; y reclama que «si se trata de un alejamiento razonado, que se diga y se justifique».Pero, ¿cómo se van a poder decir las verdaderas razones, si desde que era cadete, hay en su vida puntos muy oscuros, o incluso demasiado claros? ¿Sí, desde el primer día tras la muerte de su padre político, Franco, los dirigentes españoles tenían que haberle pedido cuentas, responsabilidad que lógicamente ha ido siendo cada vez más grave y culpable? ¿Si la única excusa que suelen dar para no hacerlo es que él podía quizás habernos hecho más daño en alguna ocasión? ¿Si, en vez de eso, le dieron hasta una increíble impunidad total, que hubiere impedido hasta nuestra entrada en la UE, sin la mentira, consentida por ella, de que sólo abarcaba sus acuerdos con los actos del Gobierno? Este parcial destierro político de Juan Carlos I constituye pues un pequeño progreso, aunque el no declarar las muchas y gravísimas razones de hacerlo muestra cuanto nos queda todavía por hacer para conseguir el nivel democrático de países de nuestro entorno.

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