Tribuna

Las monarquías se aman

16.07.2017 | 20:41

La política exterior de España no podría ni soñar con un despliegue diplomático comparable al de la visita de Felipe y Leticia al Reino Unido.

El encuentro de dos jefes de estado que son titulares de las monarquìas reinantes más antiguas del mundo, vinculados por lazos familiares y recíprocamente atraidos por la diferencia generacional, parece abrir una nueva etapa de relaciones además de bordar algo tan importante en la política como es el espectáculo. No hay ironía en esta afirmación, sino reconocimiento de aquello que los pensadores posmodernos entienden inseparable de la idiosincrasia global. Lean, quienes lo duden, a Debord, Lyotard, Baudrillard et alia. Un espectáculo que la corona británica entiende a lo grande, respaldada por las demás instituciones y la  mayoría de los ciudadanos. En España, tan ex-imperial como el Reino Unido, sería escandaloso. ¿Dónde está el mayor desfase?

Las monarquías ya no guerrean. Se aman por encima y más allá de los avatares de la política. La familia Windsor al completo fue anfitriona de los reyes de España, que durmieron en la residencia oficial de Isabel II. Lores y comunes se juntaron para escuchar a Felipe VI, también orador en la alcaldía de la City, corazón del poscapitalismo planetario, en la Universidad de Oxford y en los ágapes solemnes.

En tales ceremonias y en la reuniòn privada con la inquilina de Downing Street, el rey de España no perdió el tiempo en más ringorrangos que los de cortesía. Fue directo a los temas calientes, la fe europea frente al brexit, la vieja balada de Gibraltar, los derechos de los residentes españoles tras la salida de la UE, los equilibrios de la balanza comercial, etc. En  breve, el temario que llevarìa Rajoy a la señora May, aunque con visibilidad muy inferior, sin besos ni sonrisas de la reina nonagenaria, increiblemente en forma al igual que su marido. Hasta la granítica premier ofreció al Rey un nuevo acuerdo de relación bilateral con España, tema vidrioso para la cuarta economia de la Eurozona. Pero quién sabe...

¿No vale nada todo esto? Republicanos, monárquicos y mediopensionistas deberíamos pensarlo sin rigideces ideológicas ni perder de vista que las monarquìas parlamentarias no gobiernan pero multiplican el charme exclusivo de una diplomacia que, en determinadas circunstancias, abre puertas cerradas o lubrifica engranajes oxidados.

Si es un arma eficaz para los intereses nacionales, no parece razonable inmovilizarlo. Durante la visita, el ministro principal de Gibraltar,  señor Picardo, no paró de gritar desde la Roca, temeroso de que la canjeen  por algo más vendible cuando la consumación del brexit impida al Peñón seguir en la Unión Europea. La madre metrópoli puede acabar en madrastra. No sería la primera vez.

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