Cartas al director

29.07.2017 | 05:00

'Pan blanco', por Bartolomé Florido

Hoy en día nadie quiere estar gordo y lo primero que suprimimos es el pan de trigo. Muchos de los que comemos pan , lo comemos integral o de afrecho. En 1947, aún yo no había nacido, pero mi abuela Carmen «La Melona», sí. Mi madre, todos sus hermanos y mis dos hermanos mayores, María del Carmen y Juan Antonio Florido. Me contaba mi hermana que cuando iba con mi madre a la cárcel de mujeres en avenida de la Rosaleda (Málaga) a visitar a mi abuela, que estuvo unas cuantas veces detenida. El delito imperdonable era vender pan blanco de estraperlo para poder malvivir. Y para la cárcel de mujeres iba una vez a la semana, mi madre con dos niños chicos para visitar a la «convicta». Mientras en la otra punta de Málaga, en el barrio de Humilladero había otra cárcel, donde se hospedaba mi abuelo paterno. Este si que estaba bien condenado a 20 años de cárcel. Antes y durante la Guerra Civil había estado afiliado a la UGT en el puerto de Málaga. «Felizmente» acabó la historia y mi abuelo Antonio, que estaba enfermo del corazón, 24 horas antes de su fallecimiento lo dejaron libre para que se muriese en su casa en calle Zamorano. Mientras mi queridísima abuela, Carmen «La Melona», que tenía 5 hijos, una vez fallecido su marido y mi tío Pepe, con 18 años de tuberculosis, siguió mi abuela vendiendo pan blanco en calle Carretería y en calle Compañía corriendo de los guardias. Toda mi admiración, respeto y cariño a mis abuelos, que vivieron muriendo durante todos esos años de plomo, hambre e injusticia. ¡Qué tragedia tener que emigrar como emigró mi abuela a Cataluña dejando a sus difuntos enterrados en el cementerio «El Batatá»! Emigró con mi tía Isabel, que en paz descanse, huyendo del hambre, la miseria y del mal trato que el régimen le daba a nuestra tierra. ¡Qué vida de pobreza, sufrimiento, terror vivió esta mujer! A la que nunca olvidaremos sus nietos, Carmen «La Melona». La del quiosquillo sin techo en calle Zamorano en el barrio de la Trinidad. Hoy en día, por vender pan blanco todavía no te meten en la cárcel.

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