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El relato era un cuento

14.11.2017 | 20:27

Desde la abjuración de Carmen Forcadell en el Supremo eso que llaman el relato del independentismo se desmorona con vertiginoso cinismo. Hay un reconocimiento explícito del fracaso del procés por parte de su promotores principales, con el agravante de asumir ahora que eran conscientes de antemano que aquello no iba a ninguna parte porque nadie sabía qué hacer al día siguiente de declarar la independencia. La causa máxima con la que durante dos años se enervó a Cataluña tenía en realidad la precaria consistencia de un cuento, ahora resuelto con un final frustrante y con la decepción que provocan las narraciones fallidas. Lo que en cualquier otra comunidad política supondría un severo coste electoral apenas provoca algunos rasguños en la consideración pública de quienes llevaron el secesionismo hasta sus últimas consecuencias a sabiendas de que avanzaban por un callejón sin salida. El soberanismo mantiene casi intactas sus expectativas ante las urnas de diciembre pese a su manifiesta ruina programática, singular paradoja reveladora de que en el problema catalán hay componentes místicos más allá de lo estrictamente político. La pregunta inmediata es de qué van a hablar en la campaña que se avecina los independentistas después de dejar constancia de que ni ellos mismos se creen su discurso anterior. En Bruselas, Puigdemont es ahora el hombre-lista que apantalla al PDeCAT y ya va por libre mientras deja en el vertedero de la historia los restos del partido que durante un cuarto de siglo se enseñoreó de Cataluña. ¿Qué credibilidad tiene quien iba camino del martirio y ahora prepara una alternativa a la causa única de la república escindida? Frente a la tendencia cómica del expresidente, Oriol Junqueras acrecienta su perfil monástico en la cárcel, en la mejor tradición religiosa del sufrimiento fortificante, pero todavía mantiene la incógnita de cuál será su propuesta para el posindependentismo. Pese a la contradicción de concurrir a una elecciones que considera ilegítimas, la CUP mantendrá su línea argumental en defensa de la ruptura. Lo que ocurra el diciembre nunca estará a la altura de su victoria de octubre. Son los auténticos triunfadores después de conseguir una república simbólica y de librar con sus líderes intactos. Y Puigdemont sigue pensando que el listo es él.

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