El palique

Milagros

Ya pueden los burócratas guardar los planes contra la sequía en sus cartapacios: está lloviendo. Así que hasta otra

30.11.2017 | 05:00
Milagros

Bueno, pues ha llovido. No café. Pero sí agua, que falta hacía. Podría llover mucho, pero de noche, así no estorbaría. Me lo decía el otro día mi peluquero. Es una opción: lluvia con nocturnidad. Mi peluquero se acordaba tan poco de mí como de la lluvia. Apareces menos que el agua, me reconvino. Sí, le repliqué, como decía mi padre, me pelo menos que las castañas verdes. Ha llovido. El burócrata guarda en su cartapacio los papeles que describen las acciones encaminadas a una buena política hidráulica. Ya saben, invertir aquí, recrecer esto, conectar aquello, tuberías, trasvases. O sea, todo queda en papel mojado. Nunca mejor dicho. Ha llovido. Las denominadas mesas técnicas que tanto gusta montar a las administraciones (¿las mesas son como las comisiones pero con patas?) se repliegan y se mandan tal vez al trastero o a Ikea. Las reuniones se van posponiendo, ya si eso, a ver si cuando pase la Navidad.

Lloverá más y nos olvidaremos. Llegará de nuevo la sequía y el campo y los periódicos clamarán por las conexiones y recrecimientos e inversiones. Y volverá a llover. La sequía azota la provincia, escribiremos con una desgana finita, una desazón controlable y una oración a los santos para que llueva. Los políticos escuchan la lluvia como quien oye llover. Entonces, como se le llenan los oídos de no oír se les paralizan las manos, las inversiones, la imaginación y los decretos y no hacen nada para cuando no llueva. El político piensa: lo mejor es que escampen las críticas. Con todo, no adelantemos acontecimientos. Ni lluvia. Debería llover más. Sí, de noche. Como dice mi peluquero. Una lluvia que limpie y espolee cosechas, derrita prejuicios, arramble desganas, sacie a las bestias, adelgace a las nubes y empape de optimismo y haga crecer los mangos y el aguacate, las lechugas, los tomates y hasta el árbol de la ciencia. Cada vez que cae un chaparrón las administraciones se quitan un problema: el de la sequía. Pero añaden otro: el de las malas infraestructuras que provocan accidentes, por ejemplo, que a veces no ocurren por qué sí. Más bien por el hecho de que alguien autoriza el uso de una vía que no debe utilizarse. Por esta razón han llovido acusaciones. Susana Díaz inquiere acerca a Adif por qué el tren descarrilado con destino a Sevilla transitaba por semejantes sitios. No ha ocurrido una gran tragedia de milagro. De milagro llueve y sería un milagro medidas de verdad contra la sequía. Que llueva.

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