Imaginería

El orden triunfa frente al caos

La Archicofradía de Dolores de San Juan estrenó hace tres años un nuevo trono para el Cristo de la Redención, en el que en las cuatro esquinas el imaginero Miguel Ruiz Montes talló los cuatro jinetes del Apocalipsis, como símbolo del desorden cósmico que el pecado provoca en el mundo

15.04.2017 | 17:28
La Peste, con el arco y la flecha

El trono del Cristo de la Redención, de la Archicofradía de Dolores de San Juan, es uno de los mejores ejemplos de la solidez del discurso iconográfico en la Semana Santa de Málaga, algo que Juan Antonio Sánchez López, profesor titular de Historia del Arte de la UMA, ha querido resaltar en esta serie que hoy concluye.

Con especial relevancia además en este trono, «por una visión teológica y metafísica a la hora de elegir los cuatro jinetes del Apocalípsis para las cuatro esquinas del trono», señala el experto.

La idea es que el pecado provoca un «desorden cósmico» y los cuatro jinetes del Apocalípsis de San Juan serían la expresión metafórica «de todos los desastres y calamidades de un mundo caótico». Y en medio de ese caos, «la única posibilidad de orden es la redención, que se produce desde la muerte de Cristo en la cruz», expone el profesor. Así que el espectador, al contemplar el trono, puede encontrar esta especial relación entre los cuatro jinetes del Apocalipsis de San Juan y la cruz: «El orden frente al caos, la salvación frente al pecado».

¿Se ha hecho en Málaga algo parecido? Juan Antonio Sánchez López cree hay otro ejemplo, «porque hubo un mentor importantísimo, el padre Félix Granda», y se encuentra en los dos tronos de la Expiración. «El sacerdote plantea un discurso teológico y en el caso de la Expiración hay aspectos que coinciden con la idea principal de que el amor de Cristo en la Cruz es la esencia de todo».

El del Cristo de la Redención es, para el autor de El alma de la madera, uno de los ejemplos más redondos, y estima que el autor, José María Ruiz Montes, ha sabido plasmar a la perfección las líneas del discurso iconográfico ideado por Pedro Merino.

En cuanto a la obra, cada uno de los jinetes tiene sus atributos clásicos: la Guerra está vestida de soldado y lleva un globo terráqueo para reflejar que se trata de un fenómeno universal; la Muerte porta la guadaña; el Hambre, la balanza, en referencia clara a la medida de las cosas y la Peste, el arco y la flecha, para subrayar el azote de esta enfermedad.

El profesor hace un inciso para explicar por qué la flecha simboliza la Peste. Se trata de un elemento muy característico de la iconografía de San Sebastián, cuando, en realidad, no murió a causa de las fechas. «Se le da por muerto, se cura y se restablece y luego, cuando vuelve a presentarse y a dar testimonio al emperador, lo matan a palos». En el caso de San Sebastián, «se prescinde del palo por la flecha porque en la Edad Media la visión del santo cosido a flechas se ve como una metáfora del cuerpo herido por la peste».

Por cierto que el jinete que representa la Guerra señala a Cristo y parece, destaca Juan Antonio Sánchez, «como si indicara que el imperio universal que ha sido la Guerra, ahora ha sido sustituido por el amor de Cristo».

Para este experto en Historia del Arte, José María Ruiz Montes es «una de las figuras de referencia, casi me atrevería a decir a nivel nacional», al igual que el imaginero Juan Vega: «Son artistas cuya proyección va mucho más allá del contexto de Málaga», sentencia.

En cuanto a las imágenes, los cuatro jinetes se encuentran en una actitud de tensión máxima y son «unas piezas de esquina fantásticas».
«Desde que Suso de Marcos hizo los evangelistas que ahora están en el trono de la Vera Cruz, quizás no se habían hecho unas piezas de esquina tan buenas», destaca. A este respecto, recalca que no se trata de poner una pieza en una esquina, «es que la figura tiene que crear un efecto envolvente por ser ella misma la esquina». Algo que consigue con estos caballos y jinetes en plena acción.

Un aspecto muy interesante que destaca el profesor es la influencia que aprecia tanto de grabados como los de Durero como del monumento ecuestre, «sobre todo el del XIX». Desde este punto de vista, no se trata de una visión «impostada, estática del caballo que es el monumento ecuestre típico, porque siempre en el monumento público se procuraba representar una acción trepidante» y pone el ejemplo de la obra de Mariano Benlliure y Julio González-Pola.

Para Juan Antonio Sánchez López, el trono de la Redención vuelve a subrayar que en la Semana Santa de Málaga el discurso iconográfico de los tronos importa mucho y tiene detrás una sólida reflexión intelectual además de un mensaje teológico, en comparación con el poco consistente discurso iconográfico de los pasos de la Semana Santa de Sevilla.

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