Recuerdos nazarenos

Misterios cofrades

Cuatro historias sobre las que pesan serias dudas se exponen al análisis ¿Se escaparon 14 toros un Viernes Santo?

05.03.2016 | 05:00
Sepulcro (1925), trono de Rodríguez Zapata.

En la historia de nuestras cofradías existen episodios en los que hay más preguntas que respuestas. Traigo aquí cuatro de ellos como pequeña muestra de que aún queda mucho por desvelar.

La primera imagen del Sepulcro. La fundación de la Hermandad del Sepulcro se produjo entre los años 1893 y 1894, sin embargo, no efectuó su salida procesional hasta 1898. En un artículo publicado en el diario El Regional el 18 de marzo de 1918, se hacía referencia a la primera imagen titular. Se contaba que era una imagen de gran veneración en el Santuario de la Victoria, de pequeño tamaño (120 centímetros) y que, tras ser trasladada en 1916 a la Merced, fue robada. El asunto, dos años después, continuaba sub iúdice.

Debido a dicho artículo, se ha historiado que la hermandad, tras el robo de 1916, adquirió una nueva talla en los talleres de Olot, la cual sería destruida en 1936. Sin embargo, el 16 de abril de 1911, cinco años antes de los supuestos hechos, se publicó en La Unión Ilustrada una fotografía del Señor del Santo Sepulcro en el trono obra de Rodríguez Zapata. Era la imagen de Olot. Por tanto, la sustitución se produjo antes del robo de 1916, no siendo este la causa de aquella.

Cabe la posibilidad de que la imagen procesionada en 1898 fuera ya la del taller gerundense (fundado en 1880), siendo la anterior la titular sólo en los primeros años, hasta la salida procesional. Es curioso que en ninguna de las publicaciones cofrades de la década de los veinte, al historiarse la hermandad, se haga mención a la pequeña imagen propiedad del Santuario. Es más, en La Saeta de 1931 se publicó: «(...) se fundó esta importantísima cofradía en 1893. Adquirida la efigie de Cristo yacente, se procesionó el año 1898 (...)».

Los tres mil heridos. Vayamos unos años antes de la fundación del Sepulcro, concretamente a 1873. El Viernes Santo de ese año sucedió, según narra José Luis Estrada y Segalerva en sus Efemérides Malagueñas, lo siguiente: «26 de marzo. Fue Viernes Santo. A las doce de la noche, cuando pasaba la procesión de la Soledad por la Alameda, irrumpieron en ella catorce toros de lidia que iban camino de Granada. Al decir de un flamenco, corrió hasta el santo. Hubo más de 3.000 heridos, se rompieron las imágenes y el ganado pudo ser desviado hasta el puerto, desde donde se pudo conducir a la carretera de Colmenar».

Trágico suceso, pero el 26 de marzo de 1873 no fue Viernes Santo, en aquel año lo fue un 11 de abril y en la prensa no se recoge ninguna noticia relacionada con una procesión, por la sencilla razón de que en la Semana Santa de 1873 no procesionó cofradía alguna. 

Podría ser que el error estuviera en el año, pero en aquellos años solo fue Viernes Santo un 26 de marzo en 1869 y 1880. En 1869 tampoco hay constancia de que saliera ninguna cofradía y en 1880 solo Servitas. ¿Sucedió?

Los efectos de 1931. Días de infausto recuerdo cuando se provocó la gran pérdida del patrimonio histórico artístico de nuestra ciudad. Fue tanta la destrucción, que incluso se dieron por destruidas imágenes que pudieron ser salvadas. Por ejemplo, en la relación de pérdidas de la iglesia del Carmen de Narciso Díaz de Escovar se incluía la imagen del Cristo de la Columna, titular de una cofradía de finales del siglo XIX. Sin embargo, en 2005 Eduardo Nieto la encontró y pudimos conocer que la imagen fue salvada por el trabajador de la aceitera Larios José Ruiz, junto con otros vecinos de El Perchel.

En aquellos días, se pudo aprovechar el caos reinante para expoliar, aunque fueran imágenes dañadas y con la supuesta intención de salvarlas. Además, en otros informes realizados tras la tragedia, se citan algunas reliquias que fueron recuperadas, pero que hoy se desconoce donde se encuentran, como la mascarilla del Cristo de la Humillación. Quizá algún día aparezca algo de lo que hoy damos por desaparecido.

La Soledad. Una de las imágenes que se salvó, seriamente dañada, fue la Soledad de Santo Domingo. Sí, la que su procesión constituía el simulacro de la mayor veneración del pueblo. Restaurada por Palma García, no pudo devolverle con plenitud su aspecto original. Procesionó en la Semana Santa de 1943 y a partir de ese momento nunca ha estado claro lo que pasó, llegando hasta la sustitución por la imagen actual, antequerana realizada para la desaparecida Cofradía de la Humildad. De las fuentes orales solo se ha concluido que el hermano mayor Miguel Serrano de las Heras, en la Cuaresma de 1944, realizó las gestiones directa y personalmente, sin que conste conocimiento de las mismas por la junta de gobierno. Sí consta la existencia de dos cartas de agradecimiento (1951 y 1955) de la abadesa del convento de las clarisas de Coín por el depósito de dos imágenes. En la segunda de ellas, se habla del gran día de júbilo que ha supuesto la entrada de «la Santísima Virgen en nuestra casa donde recibirá el culto y la devoción de todos», cuatro años después del depósito de la primera imagen. Sustitución con muchas sombras, donde solo está claro que esta imagen, por su historia, no merece que se desconozca cual fue su destino.

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