Director del complejo Ciudad de las Artes y las Ciencias

"El mundo actual rico es inconsciente y despilfarrador y está agotando los recursos"

El último ensayo de Manuel Toharia Cortés, 'La sociedad del desperdicio', habla de la inconsciencia del mundo rico ante los recursos naturales

04.07.2015 | 17:05
Una imagen de archivo de Manuel Toharia, uno de los hombres que más ha hecho por la divulgación científica en nuestro país.

Hace unas semanas el filósofo Emilio Lledó recibía el Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades por hacerse preguntas similares a las que se hace un científico. ¿Filosofía y ciencia siguen liderando el arte de pensar?
Al final, las grandes preguntas son las que nos llevan a la ciencia, porque de dónde venimos o adónde vamos es algo que podemos contestar o bien mediante teorías más o menos inventadas o bien descubriendo, hasta donde somos capaces, qué hubo y qué, eventualmente, puede haber. En ese sentido, conviene no olvidar que la filosofía era la ciencia, de hecho no hay gran diferencia entre el Kant filósofo y el Kant científico, no hay ninguna entre el Descartes matemático y el Descartes filosófico. Pascal era un experimentador nato, se subía a lo alto de los montes con un barómetro para verificar que la presión venía del aire y que el aire pesaba. Y era un gran filósofo. Ahora parece que nos hemos olvidado de que la filosofía es el arte de pensar y la ciencia también, sólo que la ciencia utiliza un aparato matemático, una abstracción del desarrollo cognitivo, y la filosofía un lenguaje simplemente literario. Pero tampoco hay que olvidar que la matemática es el instrumento de la lógica, que es una rama de la filosofía.

Sin embargo, parece que la ciencia se ha despojado del humanismo.
No estoy de acuerdo. Quizá se haya desligado la tecnología, que es una ciencia aplicada generalmente con fines de mercado. Todos usamos la tecnología y, en cierto modo, cambia las costumbres sociales y parece que deshumaniza, pero no debemos olvidar que quien hace esa tecnología es tan humano como el que escribía el Quijote con una pluma de ganso. Los tiempos cambian.

La realidad es que la filosofía tiene un protagonismo casi simbólico en la enseñanza no universitaria.
Los científicos que yo conozco que dan clases, profesores tanto de Universidad como, sobre todo, de institutos, se quejan de que las Ciencias cada vez son menos importantes en el Bachillerato. Curiosamente, los de Letras, se lamentan de que ya no se estudia Latín ni eso que antiguamente llamábamos Humanidades, pero la ciencia también es Humanidad, no la hacen marcianos. Tengo 70 años y cuando miro hacia atrás, veo a un niño que iba al colegio mañana y tarde, cuatro horas por la mañana y tres por la tarde todos los días, sábados incluidos. Hoy eso se consideraría inhumano. Se ha reducido mucho el tiempo de la docencia, pero los programas siguen siendo extremadamente largos y extensos.

¿Cuál es la solución?
No soy experto en pedagogía, pero creo que hay un desfase. Si pretendes dar muchas cosas a los críos en distintos niveles de edad y tienes poco tiempo para ello, algo falla. O muchos deberes en casa o no terminas el programa. No creo que la disminución de Historia, Filosofía, lenguas antiguas o lo clásico, con respecto a la Física, Química o Biología sea mayor, estas tres últimas son las que más han sufrido en recortes de horas de clase y no cabe duda de que el mundo de hoy es tecnificado y que las salidas, suponiendo que la formación sea para tener salidas profesionales, que también lo es para tener una cultura básica, en el mundo de la tecnología y de la ciencia son enormes, mucho más evidentes que las del experto en Latín o en lenguas europeas. En este sentido, si la formación que se da en el Bachillerato y después en los estudios universitarios busca crear profesionales con empleo interesante, se entiende mal que haya poca enseñanza básica de las ciencias. Dicho lo cual, a lo mejor los que al final salen bien, y salen muchos, hubieran salido de todas maneras. El problema es quien fracasa o quien, sin fracasar, no alcanza a obtener todo lo que podría obtener de la enseñanza reglada, pero eso cada Gobierno que llega tiene un plan de enseñanza diferente y todos tienen defectos.

¿Qué hay que hacer para combatir el cambio climático?
El problema del cambio climático es que entendemos mal lo que significa, primero porque se confunde el tiempo con el clima, un año seco, un invierno muy lluvioso, eso no es clima, es tiempo. Esa primera matización parece un poco exquisita, pero es fundamental porque del clima no tenemos conciencia o sí, si miras al paisaje. Cuando aterrizas en Asturias y ves el paisaje, te das cuenta de que el clima es diferente del de Almería, eso es el clima, que se refleja a muy largo plazo en la vegetación, en los animales, en el tipo construcción de las casas humanas... El cambio de clima a largo plazo siempre ha existido, es un dato muy comprobado, y ahora se teme que haya un cambio de clima añadido por culpa de la mano del hombre y su industria, a través de un efecto que se conoce mal pero que se conoce, que es el famoso efecto invernadero, y la variación de los gases de ese efecto, el CO2 y, sobre todo, el vapor de agua, que es el más importante con mucho, porque el efecto de agua son dos tercios del de invernadero y el CO2 apenas supone un 20% o menos.

Las advertencias son alarmantes y la Humanidad parece hacer oídos sordos.
La teoría es que si cada vez quemamos más combustibles fósiles estamos devolviendo a la atmósfera mas carbón y más hidrógenos en forma de óxidos, CO2 y vapor de agua, que pueden aumentar este efecto invernadero. Por tanto, el calentamiento de la atmósfera parecería lógico. Pero intervienen tantas cosas ahí, por ejemplo el vapor de agua, que es el más importante, cuando lo quemo y lo produzco en los coches quemando hidrocarburos que tienen hidrógeno, y al quemar se produce ese vapor de agua, cuando se condensa es un antiefecto invernadero. Ha entrado en juego toda una serie de sistemas científicos que son los modelos climáticos que intentan predecir el clima a largo plazo y para toda la tierra a partir de modelos matemáticos terriblemente imperfectos. Pero las conclusiones parecían coincidir durante los últimos veinte años del siglo XX con una subida de temperaturas que podía apreciarse en los sitios donde teníamos observatorio. Y eso dio la alarma mundial. Lo curioso es que llevamos casi 20 años en que no hay calentamiento de ningún tipo con los mismos datos, pero los modelos matemáticos anunciaban un calentamiento seguido hasta dentro de cien años. A mí esa me parece una controversia científica, pero lo más importante es lo otro. ¿Qué hay que hacer en todo caso tanto si eso es cierto como si no lo es? Pues no vivir como ricos despilfarradores, que es lo que somos.

¿Estamos agotando los recursos?
Mi último libro, La sociedad del desperdicio, va por ahí, habla de cómo el mundo actual rico es inconsciente. Desperdiciamos energía, agua, calzado, medicamentos, vestidos, apenas aprovechamos un tercio o la mitad de lo que usamos y el resto nos parece un desecho y esos desechos en forma de gases, de líquidos, de sólidos, de basuras industriales, basuras urbanas, de alguna manera tienen un impacto brutal. Esos desechos los produce nuestra forma de vivir, nuestra industria y la forma de obtener energía, de la que sale todo, porque la energía es la capacidad de producir trabajo, por tanto de hacer cosas. La basura tóxica, el humo están llenos de miles de compuestos químicos terribles para la vida. Y estamos agotando esos recursos en muy poco tiempo. Recursos que han tardado miles de años en formarse y que vamos a gastarlos en siglo y medio o dos siglos. Esto es inasumible e insostenible. Curiosamente, las recetas que preconizan los más alarmistas respecto al cambio climático coinciden con las que hay que tomar urgentemente por culpa de esta insostenibilidad de nuestra forma de desarrollarnos y de crecer que nos quieren comprar los países pobres, por ejemplo China, que está dejando de ser pobre a costa de hacer lo mismo e igual de mal que lo que hicimos nosotros. No tenemos ningún derecho a decirles que no hagan lo que nosotros hicimos mal. Ahí está el gran debate político mundial. Si me pregunta, ¿el cambio climático le preocupa? Probablemente le respondería que no. Y si me dice, ¿entonces no hacemos nada? Le diría, sí, actuemos como si fuera un cambio climático catastrófico pasado mañana.

O sea que debemos tomar medidas como si hubiera un cambio climático, aunque no lo haya.
Una cosa es el debate científico y ése dejémoslo a los científicos, y empieza a haber una buena pelea, muy racional, y otra es lo que digo en mi libro. Aunque no hubiera cambio climático, habría que hacer lo mismo que si lo hay o más.

Dígame algo que haya que hacer ya.
Regalar tecnología a los países pobres, eso no lo hace el mundo rico porque es capitalista y el capitalismo no regala cosas, las vende, da créditos. El Banco Mundial da créditos a los países pobres, no les da dinero o tecnología. Todo esto es una barbaridad que tendríamos que intentar cambiar.

¿Y seremos capaces de hacerlo?
No. Creo que la Humanidad es muy insolidaria, la prueba es que toda la vida desde hace milenios ha habido guerras, pero por cosas idiotas. Mi religión es mejor que la tuya y te mato, mi sociedad y mi sistema político es mejor que el tuyo y te mato, ésas son las guerras, si fueran por hambre, que también las ha habido, ésas las entiendo más. Pero quién entiende las guerras de religión, encima somos 7.300 millones no 500, como éramos en la Edad Media. Y todo esto genera unos conflictos de intereses, de egoísmos y de pobreza al lado de una riqueza insultante de los países ricos. Se mueren 950 millones de humanos según la ONU, literalmente no comen. Los niños pequeños se mueren antes de un año. ¿Tiene solución esto? Creo que no.

¿Cuánto más llegaremos a conocer del Universo?
Muy poco más. Hay un límite, aparte de la imaginación humana, que es muy corta, la velocidad de la luz. Cuando ves salir el Sol, ya ha salido hace ocho minutos, lo vemos ocho minutos después, y eso que está ahí al lado, en términos cósmicos. Cuando ves una estrella que esta a 25 años luz, en realidad una vecina nuestra, lo que ves es cómo era hace veinticinco años y cuando ves una galaxia que está a mil millones de años luz, lo que ves es cómo era la galaxia hace mil millones de años, cuando no había ni humanos en la Tierra, ni siquiera dinosaurios.

¿Qué le sigue apasionando de la ciencia?
He sido siempre muy curioso y sigo siéndolo. Cuando voy en el avión miro por la ventanilla e intento identificar los ruidos, las poblaciones, si se ha desviado... la ciencia te ofrece un campo infinito para la curiosidad. Por ejemplo, la patente del arroz naranja que tiene betacaroteno, que hace que las poblaciones superpobres de la Tierra que sólo viven de arroz, tomando ese arroz tendrían muchos menos problemas de ceguera que afectan a millones de niños por falta de vitamina. Ese descubrimiento me parece fascinante y, sin embargo, se habla muy poco de él. Hay organizaciones bienintencionadas, supongo, como Greenpeace y otras que se meten con eso porque es transgénico. Oiga, si resuelve un problema de ceguera de millones de niños en el mundo pobre, no será tan malo, encima cuando es una patente donada por la ONU y que es gratuita. Ese tipo de cosas me fascinan. Me apasiona el mundo de la biología pequeña, el de los hongos, soy un experto en setas, lo puedo decir sin ningún rubor, y el de la música.

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