Historias irrepetibles

La revolución con perilla

Jimmy Hill jugó más de 350 partidos repartidos entre el Brentford y el Fulham y sin embargo alcanzó la celebridad en el Reino Unido por las aportaciones que hizo a este deporte lejos de los terrenos de juego

18.01.2016 | 08:36
Jimmy Hill, en su etapa como jugador del Fulham.

Una de ellas, y por la que más se le recuerda, es por haber revolucionado la forma de contar el fútbol en televisión, algo que demostró cuando se puso al frente del Match of the day, de la BBC

­Jimmy Hill, el hijo de un modesto lechero de Balham (Londres), es posiblemente uno de los futbolistas que más se preocuparon por convertir su deporte en un lugar mejor, donde los jugadores se sintiesen recompensados por su esfuerzo, los clubes aumentasen sus ganancias y los aficionados disfrutasen con más intensidad de lo que ya era un espectáculo de masas.

Sus aportaciones al fútbol abarcan todos los ámbitos posibles aunque en el Reino Unido se le agradece especialmente el hecho de haber revolucionado la forma de consumir el fútbol en la televisión.

Su impacto en este deporte es algo imposible de cuestionar. Jugó entre 1949 y 1961, doce años repartidos entre el Brentford y el Fulham hasta que una lesión de rodilla le invitó a tomar el camino del retiro. No fue un futbolista al uso. Primero por su aspecto –el bigote y la perilla que adornaban su impresionante mentón le hacían fácilmente reconocible– y luego por su inquietud. Se lo replanteaba todo y durante su tiempo como futbolista se obsesionó por mejorar las condiciones de los jugadores. Se le conocía como el «beatnik barbudo» por su intención permanente de desafiar a un sistema demasiado anquilosado y que limitaba sobre todo la posibilidad de enriquecerse de los futbolistas.

Se decía de él que era capaz de jugar en más de trece posiciones: las diez del campo salvo el portero (en el Fulham hizo de todo ) y las que desempeñaba fuera del campo como sindicalista y consejero. Un detalle. Solo fue expulsado una vez en su carrera y, tras recibir una sanción que consideraba injusta, puso todo su empeño en que la Federación crease un comité de Apelación al que pudiesen recurrir los futbolistas, entrenadores y clubes. Era puro inconformismo. Aunque su vida deportiva no fuese algo extraordinario –unas semifinales de Copa son su mayor logro– estaba convencido de que dejaría huella de muchos otros modos y perseveró por ello.

Se comprobó de inmediato cuando los futbolistas le eligieron en 1959 como presidente de su sindicato. Tenía ya 30 años y la retirada no estaba lejos. Su primer objetivo fue poner fin a las 20 libras semanales que los futbolistas tenían como salario máximo. Amenazó con la huelga, puso a todo el mundo a su lado, y tras más de un año de dura pelea consiguió acabar con una de las normas más absurdas que habían gobernado la relación entre los jugadores y sus clubes. A los pocos meses Johnny Haynes (Fulham) se convirtió en el primer jugador en percibir más de cien libras semanales de sueldo. Una idea de cómo cambiaría el cuento para la profesión a partir de ese momento.

Tras su retirada en 1961 abandonó por obligación la presidencia del sindicato y aceptó la propuesta del Coventry para convertirse en gerente del club. Otra función desde la que podría mejorar muchas cosas. Lo primero que hizo fue levantar la prohibición que los futbolistas tenían de hablar con la prensa, algo que entendía les distanciaba de los aficionados. Renovó la imagen del club. Recuperó la histórica equipación de color celeste, les puso nuevo mote The Sky Blues, y escribió personalmente una especie de himno que los aficionados adoptaron sin pestañear para cantar los días de partido.

Además mejoró asuntos como el programa que se daba antes de los partidos, organizó actuaciones musicales para que los hinchas acudiesen antes al estadio, negoció directamente con los ferrocarriles el desplazamiento de los seguidores en los partidos fuera de casa y generó sobre todo un movimiento alrededor del Coventry que les llevó a ascender de manera continuada hasta alcanzar la máxima categoría del fútbol inglés, la primera vez que lo alcanzaban en su historia. Cuando hablaba en público del Coventry siempre utilizaba el «nosotros» en su intención de implicar a una ciudad que le siguió de manera ciega en aquel viaje.

También fracasó en algunas ideas como cuando convirtió el estadio en el primero del Reino Unido con todos los aficionados sentados porque entendía que era una manera de controlar el hooliganismo. Las butacas duraron hasta la visita del Leeds United, cuyos hinchas destrozaron por completo el sector en el que estaban ubicados.

Esa pelea quedó aparcada entonces. El hincha aún no estaba preparado para asumir el fin de cierto vandalismo. Pero llegó entonces la llamada de la televisión en 1967. Se unió a la ITV y cambió por completo la forma de contar el fútbol que se tenía en ese medio. Aportó frescura en un mundo demasiado rígido, sus comentarios eran vivos y comprometidos, lejos de los convencionalismos habituales de aquellos años. Introdujo algunas mejoras técnicas como la repetición a cámara lenta, buscó buenos comentaristas, con voz propia, y después del Mundial de 1970 se produjo un hecho histórico de convertir a la ITV en la cadena más seguida por los aficionados al fútbol. La BBC, herida en su orgullo, le fichó en 1973 para que revitalizara The Match of the Day, el programa de los domingos en los que se ofrecen los resúmenes de la jornada y se hace especial seguimiento de uno de los partidos de Liga. «El fichaje del año», titularon algunos tabloides con su imagen en la portada. Tal era el grado de celebridad que había alcanzado Hill. Revolucionó el programa por completo siguiendo muchas de las normas que había introducido en la ITV. Él se encargó personalmente de presentar el espacio hasta 1980, aunque siguió vinculado al espacio hasta 1999 como comentarista.

«Tenemos una obligación con el país», respondió un día a los bomberos que le insistían en que desalojase el estudio por culpa de un pequeño incendio. Un tipo que se creía de verdad su compromiso con la audiencia y con el fútbol. Hace tres semanas falleció cerca de Londres a los 86 años. Para la mayoría de los futbolistas fue un minuto de silencio más. Desconocen que gran parte de lo que son se lo deben a gente como Jimmy Hill.

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