Entrevista

Diente por diente

07.08.2015 | 08:33
Diente por diente

El odontólogo Enrique Fernández Carrión, que lleva ejerciendo su profesión en la capital de Málaga desde hace más de 22 años, muestra la visión más personal de los entresijos de su trabajo.

Enrique Fernández Carrión lleva una vida dedicada a la odontología. Con algunos familiares dedicados a la medicina en su seno familiar, su vocación como dentista apareció a temprana edad. Cuando concluyó la carrera universitaria de Medicina, no precisamente exenta de dificultad, se le presentaron dos opciones: la primera, especializarse en algún campo a través del examen a Médico Interno Residente (MIR), y la segunda, decantarse por la salud dental, que por la época se denominaba estomatología. No hay que ser muy perspicaz para saber qué opción eligió Enrique.

Posteriormente llegó el turno de cruzar el charco, en pos de una formación que aplicaría en Málaga a su regreso: "Hice varios cursos de cirugía en EEUU, después me trasladé a Madrid donde hice otros tantos y ya me vine a Málaga y me instalé aquí".

Con un comienzo definido por la incertidumbre, sacó adelante su clínica, llevando bajo el peso de su espalda una gran carga de esfuerzo y estudio que mereció la pena: "Empecé en calle Cuarteles, al principio disponíamos de pocos pacientes, pero progresivamente fueron aumentando con amigos, contactos y vecinos que hicieron que la cadena funcionara y fuera creciendo". A los siete años, cambió al número 1 de calle Salitre, donde ahora reside y ejerce desde hace 16 años.

El tiempo colocó cada cosa en su lugar, y Fernández Carrión pasó de recibir cursos a impartirlos por su propia cuenta: "He dado cursos en distintas ciudades de España y también he dado clase para alumnos de máster en Córdoba, casi siempre enfocados en cirugía, a lo que más me he dedicado".

Sin embargo, el dentista sigue en una formación constante, que distingue al buen profesional del mediocre, en una profesión que demanda el estudio para no quedar obsoleto: "Van saliendo nuevos materiales, van saliendo nuevas técnicas. Hay ciertos tratamientos que siempre son los mismos, otros van variando. Los tiempos han cambiado. Si antes se tardaba media hora en hacer un empaste, ahora quizás se tarden 5 o 10 minutos. Hay que reciclarse". Y en ese proceso de reciclaje, Enrique se sirve de congresos nacionales e internacionales, así como distintas publicaciones especializadas.

La relación con los odontólogos, en general, suele ser amistosa y cordial, y decimos en general porque "profesionales hay de todos tipos" y la competencia siempre se encuentra presente, sobre todo por parte de un enemigo que identifica el dólar con el cliente: las franquicias dentales.

Fernández Carrión manifiesta su indignación acerca de este tipo de gigantes, que bajo la falsa premisa de "democratizar la odontología" y acercar los altos precios a la población en general, se esconde mucho más: "Tienen que pagar publicidad, instalaciones y personal por lo que dejamos de hablar de las necesidades del paciente, y nos centramos en cómo sacar el máximo de su dinero".

En una clínica convencional el que actúa como comercial suele ser el mismo dentista, mientras que una franquicia quién da el diagnóstico, suele estar supervisado por un comercial que malversa en ocasiones el resultado. "Te varían el tratamiento que a la larga sale más caro. Donde tu necesitabas un empaste, ellos te colocan una funda o corona para que vengas otra vez", asevera.

Además, la profesión se ve mermada ante unas condiciones no del todo óptimas: "Los odontólogos trabajan por un sueldo más precario, están explotados y toda la responsabilidad cae exclusivamente en sus manos".

Para combatir los altos costes que el ciudadano de a pie afronta cada vez que tiene un problema bucal, Enrique recomienda revisiones periódicas que arreglen problemas básicos, para no tener que acudir cuando todo el mal esté hecho: "Si tienes un porrazo con el coche y no lo arreglas, y después tienes un segundo porrazo y un tercero, al final lo tienes que arreglar todo de golpe y ahí es cuando sale caro. Con los dientes pasa igual. Utilizamos materiales que son muy costosos, como de resina o de metales como el titanio y si se abaratan los precios, se abarata la calidad".

El primogénito de Fernández Carrión, parece seguir la estela marcada, pues actualmente se encuentra cursando el cuarto año de la carrera y en periodo de prácticas en la empresa del padre: "Lo tengo aquí para que se vaya haciendo al ambiente de trabajo y si puede hacer alguna cosa básica pues le dejo, pero algo básico porque todavía está aprendiendo". Cuando su hijo concluya sus estudios, el dentista tiene en mente ampliar su clínica con unas instalaciones más extensas o con una nueva apertura, algo que ya ve necesario: "Ya noto que necesitamos ese cambio porque estamos apretados con las instalaciones que tenemos".

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