01 de marzo de 2012
01.03.2012
Patrimonio

San Telmo vuelve a salir a la luz

Una excavación en la calle Alameda de Capuchinos localiza un tramo de catorce metros de longitud del último ramal del Acueducto

01.03.2012 | 06:00
una imagen panorámica del inicio de la excavación en un solar de grandes dimensiones en la calle Alameda de Capuchinos, donde se empieza a vislumbrar ya los restos arqueológicos de una alcubilla y la atarjea del Acueducto de San Telm

En la Málaga de finales del siglo XVIII aumentó un problema histórico: el abastecimiento de agua a partir de una durísima sequía. Para solventar esta situación, el entonces obispo José Molina Lario impulsó y financió la construcción del Acueducto de San Telmo, considerada una de las obras de ingeniería hidráulica más importante de la España dieciochesca. Una Real Orden de Carlos III en 1782 autorizó su construcción, cuyo proyecto arquitectónico fue diseñado por José Martín de Aldehuela, y el 7 de septiembre de 1784 el agua llegaba al arca principal situada en la calle Refino.

Hoy, la arqueología ha reforzado el importantísimo papel que jugó esta obra en la actividad económica de la Málaga del XVIII, gracias a los hallazgos descubiertos en una excavación en un solar de la calle Alameda de Capuchinos.

La intervención de control de movimiento de tierra comenzó con un «zanjeado» en el terreno para detectar restos arqueológicos de «interés», comenta la arqueóloga Marta Bejarano, que ha trabajado en esta intervención junto con Mercedes Ferrando.

Los trabajos en el solar, donde se había proyectado la construcción de viviendas y una gran superficie debido a la gran extensión de terreno, han localizado un tramo de unos catorce metros de longitud del último ramal del Acueducto de San Telmo, que se extienden desde la calle Arapiles y continuaría por la calle Eclesiastés. Este tramo del trazado hidráulico está conformado por una atarjea y una alcubilla, esta última con casi un metro de alto conservado.

Bejarano detalla que la atarjea contiene «atanores (tuberías) cerámicos que se insertan a un decantador cerámico de sección ovoide, sobre el que se situó una alcubilla de descanso y de planta rectangular, cuya funcionalidad sería el abastecimiento de agua a los molinos harineros que se encontraban en este sector de la ciudad, concretamente en la ladera de El Ejido».

Y es que este descubrimiento ha puesto de relieve la «importancia económica» de esta obra hidráulica para la ciudad. De hecho, la localización de los vestigios ha permitido confirmar que la fuerza motriz para el movimiento de los rodeznos (ruedas) de estos molinos de trigo «se conseguía mediante el aterrazamiento de la ladera, aprovechando la diferencia de cotas que ofrecía la propia pendiente del monte», explica Bejarano.

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