22 de mayo de 2017
22.05.2017
Bailaora

Rocío Molina: "No me importa si gano el Max; el objetivo de la gala es celebrar el trabajo hecho"

Premio Nacional de Danza en 2010, la coreógrafa malagueña Rocío Molina ha acuñado un lenguaje propio con la reinterpretación del baile flamenco

22.05.2017 | 00:51
Rocío Molina, en un momento de ´Caída del cielo´.

Feminismo, arte performático y literatura se entremezclan en cada espectáculo de Molina. Opta a cuatro Premios Max por su más reciente creación, «Caída del cielo»

La llamaron «niña prodigio» del flamenco con tan solo siete años, cuando empezaba a dibujar sus primeras coreografías. Casi dos décadas después era condecorada con el Premio Nacional de Danza a los 26 años. Aunque a esa edad ya era conocida internacionalmente, sobre todo en escenarios como el del Teatro Nacional de Chaillot en Paris, donde es artista asociada. La malagueña sigue de gira con Caída del cielo, su último espectáculo con el que ya ha rodado por varios países y con el que aspira a Premios Max (ya ganó uno, en 2015, por Bosque Ardora). Y también ofrece Impuso, una pieza que nace de la improvisación y las ganas de experimentar de una artista multidisciplinar cuya máxima es «provocar» al imaginario. Actualmente trabaja en un nuevo espectáculo, que estrenará el próximo año en el Festival d´Avignon (Francia).

El próximo 5 de junio acudirá a la gala de los Premios Max en Les Arts. Caída del cielo opta a Mejor Espectáculo de Danza, Coreografía, Iluminación y usted, a la Mejor Bailarina.
Es una alegría que reconozcan mi trabajo. Recibí el Max a la Mejor Coreografía por Bosque Ardora en 2015. En general, no me importa si gano o no, porque para mí, el objetivo de la gala es celebrar el trabajo ya realizado con mis compañeros.

Han dicho de usted que es uno de los máximos exponentes del neoflamenco teatral.
Sí [ríe], aunque yo no me pongo etiquetas. Esa tarea se la dejo a los demás. No soy ni tradicional, ni neoclásica... Mi trabajo es sencillamente personal. Me siento libre.

¿Estamos demasiado obsesionados con catalogarlo absolutamente todo?
Se tiende a etiquetar en general. Y no sólo en la prensa. Comprendo que haya que definir algunas cosas para que la gente lo entienda, pero al hacerlo estamos acotando el espacio, y en sí, la propia creación. Es mejor dejarse llevar y observar, sin necesidad de entenderlo todo tanto.

¿Ha sentido incomprensión por parte de otros artistas? ¿Aceptan su visión del flamenco?
Hay de todo. Hay gente -tanto artistas como espectadores- que no lo entiende y lo rechaza, y hay otra que decide dejarse llevar. Por regla general, no me siento incomprendida, o será que yo no le presto mucha atención a las personas que tienen algo que decir sobre mi estilo. No percibo las críticas como algo negativo. En realidad, me alegra de algún modo que se cree algo de polémica en torno a lo que hago. No me sentiría satisfecha si no la hubiera, porque eso significaría que no provoco nada. Mi objetivo es provocar la imaginación y obligar a la audiencia a entender algo que a priori no parece tener sentido.

Muchos artistas rompedores recibieron críticas en sus inicios. De hecho, el guitarrista Sabicas dijo que lo que hacía Paco de Lucía no era flamenco...
Sí. Paco de Lucía, Enrique Morente o Camarón fueron en su día muy criticados, y es porque se necesita mucho tiempo para entender que el arte no se pierde, sino que evoluciona.

¿Sigue algún ritual antes de salir a escena?
Alguno que otro, aunque no me considero supersticiosa. Por ejemplo, me gusta frotarme las manos, tocarme los dedos y dar palmas antes de cada actuación. También intento salir cansada al escenario, por ello bailo y trato de sentir mi cuerpo lo máximo posible.

Dijo que su espectáculo Caída del cielo partió de su útero y de sus ovarios.
Sí, todo comenzó en una visita que hice a una cárcel de mujeres en Francia. Realicé un taller de danza ante 15 de ellas, y cuando les pregunté de dónde sacaban la fuerza para permanecer allí dentro encerradas, una de ellas puso la mano en sus ovarios. Me impresionó muchísimo, y me dio que pensar. Todas mis coreografías tienen algo de autobiografía, ya que trato de expresar en qué momento vital me encuentro. Decidí reflexionar en torno a mi identidad como mujer, y es por ello que Caída del cielo hace guiños a lo que significa ser mujer en todos los sentidos. Por ejemplo, cuando emerge una gran menstruación, de donde sale mi fuerza en ese momento. En el proceso creativo me aislo un poco, y cuando realicé Caída me refugié al 100 % en el baile. Es una obra con muchísima luz, pero en ella también transmito mucho dolor.

Debe de ser duro experimentar ese dolor durante casi un año, el tiempo que lleva esta obra en los escenarios.
Es doloroso, pero también muy bonito. Te ayuda a ponerte en tesituras a las que te tienes que enfrentar. Te expones a muchas emociones. Me autodestruyo en cada obra y lloro muchas veces sobre el escenario.

¿Cada representación es diferente?
Sí, además, siempre tiendo a improvisar. La obra va transformándose conmigo, porque mis sentimientos están vivos.

Es tal su predilección por improvisar que incluso lleva rodilleras en escena.
Las utilizo en ocasiones, cuando quiero probar ciertas cosas. El escenario es como un laboratorio para mí.

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