23 de junio de 2019
23.06.2019
Entrevista a Miguel Ángel Santos Guerra

"Sustituir violencia de género por intrafamiliar es una trampa indecente"

El profesor de la UMA y colaborador de La Opinión tiene un nuevo libro en el mercado: 'Contra el sexismo'

23.06.2019 | 05:00

Un texto que analiza la lacra de la violencia machista y la lucha por la igualdad y con el que pretende ayudar a los docentes en las escuelas y aulas

¿Por qué decide escribir un texto sobre el sexismo? ¿Cuál fue el detonante?
El epicentro de la decisión estuvo en la convicción de que el sexismo es una terrible lacra que está causando de forma injusta, constante y terrible muchos daños en la sociedad. Nos está destruyendo a todos, a las víctimas por su dolor, a los verdugos por su indignidad y a los testigos por su perverso aprendizaje.

¿ Qué va a encontrar el lector en «Contra el sexismo»?
El lector encontrará 50 textos de mi autoría publicados en este periódico a lo largo de más de 15 años de colaboración. Los he estructurado y ordenado en torno a siete ejes: dolor, indignación, inquietud, asombro, admiración, esperanza y alegría. No he tenido en cuenta la cronología de su aparición en prensa ni en mi blog El Adarve. He querido ir, pues, de la teoría a la práctica. Y luego presento 50 propuestas para la escuela y otras 50 para el aula porque también pretendo ir de la práctica a la teoría.

¿Tiene la educación un papel fundamental para acabar con la violencia machista que azota tanto en nuestro país?
Estoy convencido de que es en la educación donde se encuentra el núcleo de la transformación y la clave de las soluciones más profundas. Decía Herbert Wells que la historia de la humanidad es una larga carrera entre la educación y la catástrofe. La educación entendida no como mera instrucción o como simple socialización. Y menos como adoctrinamiento. El adoctrinador es un fanático, no un maestro. La educación entendida como un proceso que nos ayuda a pensar y a convivir en dignidad. No hay conocimiento útil si no nos hace mejores personas.

En los últimos tiempos han aumentado de una forma muy visible y publica libros, artículos y entrevistas que abordan el tema de la igualdad de mujeres y hombres. En su opinión, ¿es una moda o realmente cada vez más hombres se están preocupando e incorporando al esfuerzo por conseguir una sociedad equitativa y no sexista?
Este es un problema que echa sus raíces profundas en la historia pero que en el presente ha adquirido nuevas dimensiones más sutiles. Sí, creo que hay más conciencia del problema, más preocupación por las soluciones y más personas, hombres incluidos, trabajando en esta causa. En 1984 publiqué Coeducar en la escuela. Por una enseñanza no sexista y liberadora. Uno de los libros pioneros en España. Sin embargo, creo que son las mujeres las que han enarbolado y deben enarbolar la bandera de su liberación. Nosotros tenemos un papel importante en esa lucha, en primer lugar abandonando concepciones, actitudes y prácticas sexistas y, en segundo lugar, colaborando en tareas coeducativas, equitativas y liberadoras.

¿En que terrenos cree que este cambio esta siendo más concreto, más real?
Se tiene conciencia de que la igualdad de derechos y de oportunidades es una exigencia indiscutible. No es justo que, por el hecho de ser mujer, se tengan peores condiciones para el desarrollo. Las mujeres se están incorporando con normalidad a la educación, al empleo, a la asunción de responsabilidades políticas, económicas y sociales... Hemos mejorado, pero todavía queda mucho camino por recorrer.

Y usted como autor de este libro contra el sexismo y también como profesor de Universidad ¿Cómo gestiona los datos de 1.000 mujeres muertas a manos de su pareja desde el año 2003?
Han muerto mil mujeres desde 2003, cuando empiezan a recopilarse datos de forma sistemática. Este año, hasta hoy, ha habido 24 muertas en España. Mil muertes muertas en 26 años. Un horror más que las que causó en su historia el terrorismo de Eta. Pero hay muchas mujeres enterradas en vida... Y muchas que sufren cada día por el hecho de ser mujeres. Esta es una tragedia insoportable. Cada vez que una mujer es asesinada me pregunto por las causas del sexismo. Y ahí siguen: el sexismo en el lenguaje, en las costumbres, en el trabajo, en la educación, en la familia, en las religiones androcéntricas, en la moral, en las relaciones... Hay que secar esos manantiales de los que fluyen las aguas envenenadas de la discriminación.

¿«Contra el sexismo» tiene la pretensión de convertirse en una guía para colegios y universidades en la lucha por la igualdad?
No quiero ser tan pretencioso. Es una pequeña aportación que pretende ayudar a los docentes en los proyectos de escuela y en el trabajo del aula. Los textos tienen la finalidad de avivar la reflexión y de suscitar el debate. Se trata de cuestiones infinitas sobre temas sobre los que siempre hay que pensar para comprender y actuar con rigor.

¿Qué piensa de esos partidos políticos que quieren borrar de nuestro vocabulario el término de la violencia de género?
Ayer dediqué mi columna a plantear algunas cuestiones al respecto. El título del artículo es muy significativo: La marcha del cangrejo. Sustituir la expresión violencia de género por violencia intrafamiliar es un trampa indecente. Camufla y disuelve el problema fundamental, que es la violencia contra las mujeres. A ese texto me remito.

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