La inflación llegó en julio al 10,8%, con lo que alcanza un nuevo récord desde septiembre de 1984, tras reducirse el índice de precios de consumo en dos décimas con respecto al mes anterior, según el indicador adelantado del Instituto Nacional de Estadística (INE). En junio alcanzó el pico con una tasa anual del 10,2%, el nivel más elevado en 37 años, que desató todas las alarmas y precipitó un nuevo plan de medidas del Gobierno, que incluyó un impuesto temporal para los beneficios extraordinarios de bancos y compañías energéticas.

A pesar del descenso de los precios de los carburantes, el IPC se ha vuelto a disparar por los alimentos y bebidas no alcohólicas y el precio de la electricidad , así como por la evolución del vestido vestido y el calzado.

Tras comenzar en la energía, la escalada del nivel general de precios se ha trasladado al conjunto de la economía, tal como indica la inflación subyacente, que excluye los precios de la energía y los de los alimentos no elaborados y que en julio ha escalado hasta el 6,1%, desde el 5,5% del mes anterior, on lo que se sitúa en el nivel de enero de 1993. En junio el incremento se cebó en la cesta de la compra y productos básicos como las frutas o las verduras.

Esta evolución, que ha disparado los precios en el conjunto de la zona del euro hasta el 8,6%, el mayor nivel en 20 años, ha precipitado los aumentos del precio del dinero por parte del Banco Central Europeo (BCE). El incremento, que inicialmente estaba previsto que fuera de 0,25 puntos en junio, fue al final de 0,50 puntos, la primera subida en 11 años y la de mayor importe de una sola vez en 22 años.

Además, la autoridad monetaria de la zona del euro acordó complementar esta subida de los tipos de interés con un mecanismo de compra de deuda de los países del área que se vean perjudicados por un alza de la prima de riesgo.