«Cuesta abajo y sin frenos», esa fue en su propia definición la vida de la bella Agnes, sobre todo cuando se asomaba a los abismos del alcohol. Su desgracias fue, como la de muchos, que le tocó vivir en un mundo equivocado. Ella era hermosa, con glamour, a veces elegante, con carácter y no congeniaba en un escenario sórdido y empobrecido como era el Glasgow en la era de Margaret Thatcher y junto a unos personajes violentos y salvajes, como su marido y sus amantes.

Douglas Stuart debuta con una soberbia y notable novela

Lo que redime a esta novela, ‘Historia de Shuggie Bain’, que marca un debut excepcional de su autor Douglas Stuart, que ha logrado con ella el Premio Booker 2020, el galardón más importante de las letras británicas, lo que la redime, decimos, y la hace notable es que su tema central es el amor, el amor inquebrantable de un niño, Shuggie Bain, por su madre, pese a su deterioro y degradación; su fe en salvarla del demonio del alcohol. También el amor que une a una madre y su hijo, sin importar sus defectos , pues Shuggie también vive atrapado en un mundo que lo rechaza por afeminado y raro. Es una criatura completamente fuera de lugar en el miserable Glasgow de la década de 1980, un niño que habla como un príncipe, a menudo asustado y afeminado, que no encaja y se desvive por ser «normal».

La cautivadora humanidad con que Douglas Stuart retrata a estos dos seres, madre e hijo, la una poseída por el demonio del alcohol, el otro, enfermo de esperanza porque ella mejore; su capacidad para mostrar no solo el humor que subyace a la tristeza de la existencia, sino también la bondad, la gracia que ilumina las vidas vividas al límite, hacen de esta novela una historia conmovedora y digna de elogio. En última instancia, esta es una historia estremecedora y bellamente escrita sobre la familia, el abuso y la fortaleza individual para soportar lo insoportable y más.

Stuart, pese a ser su primera novela, escribe con la solvencia de un escritor consumado, avezado en descubrir y dar cuenta de las pulsiones del alma y de aquellos seres socialmente atribulados.

En muchos sentidos, es una novela dura y sombría, porque esa década fue una época dura y sombría en Glasgow, cuando los astilleros, las obras de ingeniería y las minas de carbón en la periferia de la ciudad estaban cerrando, y muchos trabajadores estaban en el paro viviendo de los beneficios sociales, un mundo de hombres encallados después del cierre de las minas, de mujeres hundidas bajo el peso de la bebida, de familias que viven semana a semana de la asistencia pública y las prestaciones por discapacidad. Stuart pinta las imágenes más sombrías, aunque ha descrito la novela, según señala, como «una carta de amor a Glasgow».

Con un elenco de personajes que son tan adorables como ellos, a veces, despreciables, que abarcan un período de poco más de una década y se encuentran entre varias generaciones de trabajadores pobres de Glasgow, la excepcional novela de Douglas Stuart arroja una luz incesante sobre los que existen en los márgenes de la sociedad o, con demasiada frecuencia, debajo de ella. Mujeres, hombres y niños que son noticia solo cuando sus vidas de silenciosa desesperación se convierten en algo terrible o aterrador.