11 de agosto de 2018
11.08.2018
Romería

Camino al Santuario de la Victoria

Cientos de peregrinos disfrutaron del tradicional inicio de Feria, en el que no faltaron los verdiales y los caballos. Ni la solidaridad, con Andrés Olivares, el abanderado de este año

11.08.2018 | 19:30
Camino al Santuario de la Victoria
El abanderado, Andrés Olivares, con la bandera en el Ayuntamiento junto al alcalde, los concejales y representantes políticos.

Después de una noche de fuegos artificiales y el pregón inaugural, a cargo de Pablo Aranda, la mañana del sábado comenzaba con la llegada de los carruajes y peregrinos al Paseo del Parque. Desde las diez de la mañana, los más curiosos se aglutinaban a las puertas del Ayuntamiento para ver en primera fila cómo Andrés Olivares recibía la bandera de la ciudad de manos del alcalde.

De la Torre entregó la mencionada bandera al presidente de la Fundación Olivares (dedicada al apoyo a niños con cáncer) entre los aplausos de los presentes y la música de la Banda Municipal de la ciudad. El abanderado la tomaba visiblemente emocionado y minutos más tarde confesaba a La Opinión haber sentido «un cúmulo de sensaciones inexplicables»: «No sabría explicar qué he sentido. A mí la música me mueve mucho las emociones y el estar ahí ondeando la bandera hasta el cielo, llegando alto y acariciando las alas de nuestros niños, me he parecido un momento espectacular y lleno de sensaciones».

Tras estos momentos- y antes de iniciar la peregrinación hacia el Santuario de la Victoria-, como manda la tradición, se interpretaron los himnos de Andalucía y de España y se bailaron verdiales y malagueñas. Ya era Feria.

Aunque el calor y el fuerte sol estuvieron presente durante toda la jornada nada pudo con el fervor religioso por la Virgen de la Victoria y sobre las once de la mañana cientos de personas comenzaron el recorrido que se iniciaba en las puertas del Consistorio de la ciudad.

Debido a las obras de remodelación de la Alameda y la entrada de la calle Larios el izado de la bandera se realizó a las puertas del templo y no en la plaza de la Marina, como era tradicional. Allí las panda de verdiales y coros recibieron al alcalde y al abanderado que volvió a ondear la enseña malacitana antes de que en el interior del templo se desarrollara el acto de entrega y la ofrenda floral a la patrona de Málaga.

Con el final de la Romería, la música comienza a sonar por toda la ciudad. Málaga ya está enfrascada, un año más, en la celebración de sus días grandes.

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