29 de octubre de 2010
29.10.2010
Homenaje

Una calle para «El Almendrita»

La iniciativa ha nacido en Facebook con un grupo que en una semana ha reunido a cerca de 400 personas

29.10.2010 | 15:12
´El Almendrita´ comenzó hace 55 años vendiendo almendras en el Centro.

La discreción y la simpatía de Antonio del Río Soto El Almendrita han ido calando entre los vecinos de El Palo y Pedregalejo, que ahora quieren dedicarle una calle.
Este vendedor de almendras de Fuente Olletas, nacido en 1927, lleva desde 1955 vendiendo por toda Málaga. Comenzó en los cines del Centro, todos ellos desparecidos como el Málaga Cinema, el Atlántida, el Astoria o el Echegaray. «Al principio me daba vergüenza, pero luego le eché cara y aquí estoy», confesaba en una entrevista a este diario en 2004.
A mediados de los 70, Antonio cambió el público de los cines, cuya asistencia iba decayendo, por las playas del Palo y Pedregalejo, desde El Tintero a los Baños del Carmen, y allí sigue, vendiendo almendras y gominolas, aunque muchas veces las regala a los niños, siempre con esta invitación: «¡Ay! ¿quieres?».
Curiosamente, su popularidad aumentó gracias a que protagonizó este verano el corto ganador del último certamen de los Baños del Carmen, titulado Toda una vida, en el que él mismo se interpreta en el último día de su trabajo, despidiéndose del mar de Málaga en el Balneario del Carmen.
Ahora, varios vecinos han creado el grupo de Facebook Una calle para el Almendrita, una iniciativa que en sólo una semana ha conseguido reunir a casi 400 personas que desean que este querido vendedor de almendras tenga un reconocimiento del Ayuntamiento de Málaga.
La persona que comenzó esta aventura en Facebook es el empresario del Palo Laureano Rodríguez, que señala que hace muchos años ya comentaba con su familia que «si alguien se merecía tener una calle en el barrio era alguien como Antonio, que era querido por todo el mundo, entrañable y representativo de nuestro entorno».
Laureano Rodríguez comenta que hace seis meses, El Almendrita dejó de aparecer por la zona «y nos temimos lo peor, con la sensación de que le habíamos fallado y que no fuimos capaces de articular ese homenaje» (en realidad, había tenido una operación de la que ya se ha recuperado). Por eso, el empresario explica que cuando Antonio regresó a las calles del Palo y Pedregalejo hace dos semanas a vender sus almendras fue cuando pensó crear este grupo.
Este vecino señala que ya sea una calle, jardín, plaza o parque infantil, lo importante es que Antonio del Río sea recordado en un rincón de alguno de los barrios en los que tantos años lleva trabajando.
Pero el apoyo a este homenaje no se limita a Facebook, también cuenta con el visto bueno de las asociaciones de vecinos de los dos barrios. Así, Santiago González, presidente vecinal del Palo, declara que Antonio del Río «es una figura muy popular y muy querida por todo el mundo» y apoya el que pueda tener algún tipo de reconocimiento.
Por su parte Adolfo García, de la asociación de vecinos de Pedregalejo, también destaca que se trata de un hombre «muy querido» y resalta que también es necesario que cuenten con un reconocimiento personas humildes como este vendedor de almendras, «que a lo mejor no ha hecho nada importante pero ha alegrado el paladar de muchos niños y es una persona más del barrio».
La delegada del distrito Este, Teresa López, no sólo aplaude la idea sino que señala que en El Palo existe una calle por inaugurar cerca de las Cuatro Esquinas y que todavía no ha recibido petición de que sea dedicada a alguien en concreto. ¿Podría llevar el nombre de Antonio del Río Soto El Almendrita? Siempre que obtenga el visto bueno de la comisión del distrito y luego el de la comisión de Cultura.
De momento, el grupo de Facebook tiene previsto salir a la calle con el reparto de carteles en bares y comercios de Pedregalejo y El Palo, así como de pliegos para recoger firmas.
Mientras tanto Antonio del Río, que ha vuelto a callejear pero ya no con tanta asiduidad, agradecía ayer el cariño de tantos vecinos y confesaba que alguno ya le había comentado el asunto del homenaje. «Muy bien», dijo discreto, y luego estalló en una carcajada de felicidad.

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