05 de agosto de 2012
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El general suizo que venció a las tropas de Napoleón

Teodoro Reding a quien los malagueños le dedicaron el Paseo por su entrega y generosidad, fue gobernador militar y político de Málaga

05.08.2012 | 07:00
Grupo de recreación histórica del Regimiento suizo de Reding número 3, de la asociación histórico cultural Teodoro Reding de Málaga.

Alto, suizo, políglota (hablaba siete idiomas), generoso, metódico, amante de los caballos, valiente, entregado con los enfermos, estratega..., todos estos adjetivos engloban a Teodoro Reding, nacido en la ciudad de Schwyz, Suiza en 1755 y fallecido en Tarragona en 1809 mientras comandaba las tropas españolas en Cataluña contra Napoleón. Los malagueños le recuerdan con el Paseo de Reding por haber sido un gobernador de Málaga inolvidable.

Los suizos con vocación militar tenían tradición de hacer carrera en el extranjero y en su familia 200 oficiales siguieron ese camino. Su padre, Teodoro Antonio Reding, tenía en propiedad un regimiento en España, el Reding Viejo y es muy probable que su hijo sirviera allí de cadete, asegura el académico malagueño Andrés Oliva Marra-López, biógrafo del militar.

Sus dos hermanos pequeños, Aloysio y Nazario, también sirvieron en España y los tres llegaron a coincidir en varias batallas. Nazario, por cierto, sirvió en el regimiento Reding de Málaga.

Su carrera militar le llevó a combatir siempre con España, en 1780 contra los ingleses en Menorca, en 1793 contra los revolucionarios franceses en los Pirineos. En esta batalla partió la cabeza a un comandante francés que se jactó de haberlo capturado cuando iba de exploración.
El militar contrae matrimonio con una suiza con quien tiene una hija, Josefina,y un hijo, José, que, posiblemente, fuera fruto del adulterio de su mujer. La familia Reding permaneció siempre en Suiza, salvo Teodoro, que siguió de servicio en España.

En 1802 su regimiento llega a Málaga y un año más tarde forma parte de la junta de sanidad para tratar de frenar un brote de fiebre amarilla. Muchos de los miembros de la junta pierden la vida, pero el joven suizo se unta el cuerpo con aceite para repeler al mosquito que transmite la fiebre y salva la vida. Reding visita de forma incansable hospitales, lazaretos, ordena cañonazos €en la creencia de que la pólvora frenaba la expansión€ y organiza un cordón sanitario con sus tropas.

En 1804 es nombrado gobernador político y militar de Málaga y llama la atención por asistir a cada reunión y por supervisar todo lo que se mueve en la provincia. Crea nuevas calles, ilumina otras, traslada la fuente de Génova de la plaza de las Cuatro Calles (hoy de la Constitución) a la Alameda y sustituye los álamos que daban nombre a esta vía «desiguales y de aspecto desagradable» por «naranjos y adelfos» en 1807.
También entrega ropas a los niños huérfanos de las epidemias, supervisa los pesos, los mercados, organiza corridas benéficas y en los desbordamientos del Guadalmedina, muy habituales, emplea medio millar de presos para limpiar las calles de forma gratuita.

Teodoro Reding nunca olvidó su patria, Suiza. Como anécdota, se le conocen envíos a su tierra de un tonel con el mejor vino de Málaga y la petición de un buen queso suizo de montaña, que por las restricciones a causa de las epidemias llegó podrido a Barcelona, aunque siguió camino para Málaga. «No podrá uno acercarse a él y habrá que tirarlo al mar», escribe en una carta.

Su buen hacer también se reflejó en una carrera militar llena de ascensos. Será Teodoro Reding quien comande las tropas españolas en la batalla de Bailén. Los historiadores coinciden en que, si bien el general Castaños planeó la batalla, quien la llevó a efecto fue el suizo. En julio de 1808 las tropas de Napoleón perdían por vez primera en campo abierto.

En Málaga, la victoria se celebró iluminando durante tres noches la Catedral y con repique de campanas. En septiembre, Teodoro Reding recibió un gran homenaje en su ciudad de adopción, que le construyó un arco del triunfo con el lema «Al vendedor de los tiranos de Europa y libertador de Andalucía». La ciudad le regaló un sable, un bastón de mando y un caballo tordo que a su muerte, fue devuelto con puntualidad suiza por su hermano Nazario.

Su estrella ascendente le convirtió en jefe del Ejército y Principado de Cataluña, herido por una sable francés en la batalla de Valls, dos meses más tarde, con tifus y mal curado de su herida fallecía en Tarragona, mientras su hermano Nazario era gobernador de Palma de Mallorca. En Tarragona existe un Carrer de Reding, que se une a la plaza de Reding de Bailén y el Paseo de Reding de Málaga. La asociación histórico cultural Teodoro Reding le homenajea todos los años en la ciudad que tanto quiso.

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