09 de septiembre de 2013
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Actualizado: 06-04-20 11:38h
Entrevista a Presidente del Colegio de Médicos

"Médicos y y pacientes temen que puedan llegar medidas más contundentes"

Juan José Sánchez Luque invita a los que niegan presión asistencial a que vean el rostro de un médico tras una guardia

09.09.2013 | 05:00
Juan José Sánchez Luque en su despacho del Colegio de Médicos, durante la entrevista.

Médico de familia en un centro de salud de la capital y profesor asociado de la Universidad de Málaga, afronta su tercer mandato al frente de la institución colegial con el convencimiento de que los recortes están mermando el ánimo de los facultativos, por lo que plantea a la administración sanitaria una reforma urgente de la atención primaria «pero hablando con los profesionales»

Sabedor de que «la cantinela de la crisis y los recortes» está pasando factura en el ánimo de los médicos, Juan José Sánchez Luque vuelve a ponerse al frente de la institución colegial ­con un reto: dignificar el ejercicio de la profesión y mejorar la relación médico-paciente, para que lo que tiene previsto convocar de forma inmediata la Mesa de la Profesión Médica, en la que espera que participe la Administración Pública, a la que pide que siente las bases de una reforma de la atención primaria, «pero escuchando la los profesionales directamente implicados».

La sanidad pública vive un momento difícil, ¿cómo afronta su tercer mandato?
Con preocupación, pero con la esperanza de que el deterioro que se produzca no sea irrecuperable. Málaga tiene una sanidad pública excelente y una sanidad privada que ha ido evolucionando y consolidándose. Ambas forman parte del engranaje de una sanidad que hay que salvaguardar.

Las denuncias relativas a la sobrecarga asistencial que están sufriendo muchos profesionales es negada una y otra vez por la administración sanitaria.
Yo les invitaría a que vieran el rostro del médico que termina una guardia en un punto de urgencia, en el hospital Clínico o en Carlos Haya. Que vieran la cara de desgaste y la repercusión que los actuales recortes tienen en el estado psicológico y físico de un médico después de una guardia. Cuando un paciente va a un centro sanitario demanda una urgencia en la atención, pero los profesionales están desbordados.

La brecha con la administración parece cada vez mayor.
Es que bajo el paraguas de la crisis han tenido cabida determinadas actuaciones que no eran imprescindibles acometer, como la fusión de Carlos Haya y Clínico, que se está haciendo sin saber muy bien cual es el criterio. Porque qué sentido tiene unir unidades de gestión clínica separadas por kilómetros en el espacio físico cuando la propia Consejería de Salud hace unos años, y basta tirar de hemeroteca, decía que el gran problema de Carlos Haya era que estaba dividido en dos pabellones, lo que dificultaba la comunicación entre los profesionales y la atención al paciente.

Y se planteó construir un macrohospital para la capital.
Porque había que acabar con esa división. Pero ahora se plantea crear unidades separadas por una mayor distancia.

Esa fusión está dejando un reguero añadido de preocupación entre el personal sanitario.
Porque se ha decidido fusionar unidades de gestión clínica sin conocer bien su idiosincrasia, sin consultar a sus profesionales. Como tampoco se ha tenido en cuenta la repercusión negativa que va a tener sobre la accesibilidad y la calidad que se presta a los ciudadanos. Un paciente quiere que le sigan en un mismo sitio y por los mismos profesionales. ¿Se ha tenido en cuenta todo eso? Pensamos que no.

Una de sus máximas es mejorar la relación médico-paciente.
Cuando uno tiene una agenda y hay una demora, y lo que se ve es que en esa misma franja horaria se mete a más pacientes, eso lleva a una menor dedicación y ningún médico tiene una varita mágica.

¿Cree que los pacientes entienden lo que está pasando?
Ellos también viven con miedo esta situación porque los recortes les están afectando directamente. Pero ellos, como los propios profesionales, temen que lleguen medidas más contundentes.

Las últimas agresiones indican que la tensión es creciente.
Muchos pacientes comprenden que en vacaciones apenas se nos sustituye y que estamos desbordados, pero también está el que no lo entiende. El que no entiende la demora, que le mandemos a un especialista y pasen meses y meses para la primera visita y no digamos para las revisiones. En cualquier caso, el número de denuncias es una ínfima parte de las situaciones que se generan de conflictos y agresiones verbales.

Usted plantea la necesidad de reformar la atención primaria.
Sí, pero se tiene que hacer hablando con los profesionales. Todo no puede ser ver pacientes desde las 8 de la mañana hasta las 14.30 horas, uno cada cinco minutos. Hay que cambiar esa estructura de trabajo. Un médico tiene que tener tiempo para tratar a pacientes con mayor complejidad, pero también para formarse.

¿Qué más cambios serían necesarios?
Tiene que mejorar la comunicación entre los distintos niveles asistenciales. Hay médicos que te dan los informes en un folio escrito a mano, otros en formato ordenador y otros por Diraya. Es un auténtico rompecabezas fruto de una presión asistencial que no es exclusiva de las consultas de atención primaria.
Luego está el éxodo de médicos en paro o que trabajan en precario.

Para muchos el único freno es la situación familiar. En un año hemos atendido más de 200 consultas de médicos que han mostrado interés por marcharse. Pero también hay mucho interés desde fuera por llevarse a nuestros médicos.

La cantera se reduce mientras la plantilla actual envejece.
Antes de que empezase la fuga de profesionales ya alertamos sobre ello. En los próximos 15 años se va a jubilar entre el 50 y el 60% de anestesistas, cirujanos y traumatólogos. Y olvidamos que los que se van son el relevo natural.

El Colegio de Médicos, desde distintos frentes, ha tendido en varias ocasiones la mano a la Consejería de Salud.
Y lo seguiremos haciendo. Hemos tenido varios contactos pero carentes de resultados. Por eso, insto a la actual consejera, o si hay cambios, a la persona que llegue, a que recapacite. Nuestra obligación es denunciar públicamente lo que consideramos que puede mermar la calidad de la atención al paciente, pero siempre desde la lealtad bien entendida.

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