23 de junio de 2019
23.06.2019
Mirando atrás

Una ciudad fenicia intacta y a la espera

La Opinión visita con el arqueólogo Eduardo García Alfonso, que ha trabajado nueve campañas en el Cerro del Villar, este yacimiento único en el mundo porque bajo tierra aguarda una colonia fenicia intacta sobre la que nadie reedificó

23.06.2019 | 05:00
Imagen de la casa 2 con el embarcadero en primer plano, durante la última campaña realizada en el yacimiento (2003).

Por supuesto, no será nunca comparable con Cádiz, Málaga, Tiro ni Biblos, pero la del Cerro del Villar es una colonia fenicia única en el mundo porque fue deshabitada en un momento del siglo VI a.C. y tras un breve periodo en el siglo V a.C. como pequeña zona industrial, nadie volvió a construir jamás sobre ella. Y hasta la fecha.

Las tres hectáreas de trama urbana permanecen intactas junto al río Guadalhorce, a un tiro de piedra de Guadalmar y con los primeros niveles arqueológicos a sólo 30 centímetros del suelo.

Y eso que en los años 20 del siglo pasado para plantar caña de azúcar se allanó la parcela, algo que acabó para siempre con el cerro que da nombre a este rincón de Málaga, el Cerro del Villar (de la loma sólo queda un minúsculo talud sobre el que pasaba la vía del tren). Por suerte, la caña no acabó con los restos fenicios.

Del Cerro del Villar escuchó hablar por vez primera Eduardo García Alfonso cuando tenía unos 15 años. Había leído en Historia16 un artículo de un gran arqueólogo, el profesor Schubart, «y me dije: pero si eso está aquí al lado, y me vine andando hasta aquí con mi hermano, que entonces tenía 11 o 12 años, desde Miraflores de los Ángeles, donde vivíamos. No te puedes ni imaginar la cantidad de cerámica que había», recuerda.

El destino quiso que el quinceañero terminara siendo doctor en Arqueología con una tesis sobre el impacto de la colonización fenicia tierra adentro de la Andalucía mediterránea y que trabajara en el yacimiento del Cerro del Villar, descubierto por el malagueño Juan Manuel Muñoz Gambero en 1965.

María Eugenia Aubet

Todo comenzó gracias a la catedrática barcelonesa María Eugenia Aubet, directora de la tesis de Eduardo García Alfonso, quien fue llamada por la Junta de Andalucía ante la inminencia de las obras de la A7. «La autopista pasaba justo por la mitad del yacimiento. Aunque la zona no estaba declarada BIC todavía, había un embrión de protección y la Dirección de Bienes Culturales la llamó para que investigara», comenta.

Las evidencias obligaron a modificar la autopista. De hecho, a lo largo de nueve campañas, entre 1986 y 2003, el arqueólogo malagueño participó en el desvelamiento de algo más que unos restos arqueológicos: eran nuevas evidencias del impacto de los fenicios en estas tierras, que transmitieron al mundo indígena aspectos tan revolucionarios como una sociedad estatal o el hierro, que puso punto final a la Edad del Bronce e inauguró, faltaría más, la Edad del Hierro. «Y prácticamente, se va a mantener esa tecnología hasta muy avanzada la Edad Media, hasta el siglo XII».

Por lo demás, el experto calcula que de las tres hectáreas de ciudad fenicia se ha excavado «bastante menos de un 10 por ciento». Los restos que salieron a la luz fueron tapados cuando cesaron las campañas arqueológicas, por eso el Cerro del Villar, un Bien de Intéres Cultural en terrenos propiedad de la Agencia Andaluza de Medio Ambiente y Agua, dependiente de la Consejería de Medio Ambiente, luce esta semana como cualquier campo sin cultivar, con un mar de hierba alta por todo horizonte.

los trabajos arqueológicos llevados a cabo entre 1986 y 2003.

Los hallazgos

Y sin embargo, en lo poco que se ha sacado a la luz han aparecido zonas de hornos para hacer piezas de cerámica, una calle escoltada por tiendas, una enorme zona de almacenaje, también una casa con un embarcadero incluido y un espacio de culto privado que ha dejado maravillados a los arqueólogos y hasta una zona urbana que cambia de orientación con respecto al resto de la colonia, prueba de que existía «una planificación urbanística».

También se ha localizado en una zona de derrumbe, cuenta el arqueólogo, «un capitel protoeólico de arenisca pintado», que podría sugerir la presencia de un templo, un edificio de culto público en esta colonia por descubrir.

Por último, en las proximidades del cerro se han descubierto dos necrópolis, una en el actual Polígono Villarrosa, y la segunda por la zona del aeropuerto.

En cuanto a la antigüedad de la ciudad, en el corte más profundo se hallaron las evidencias más antiguas, contemporáneas de Homero: la segunda mitad del siglo VIII a.C.

En este gigante puzle de la Historia a orillas del Guadalhorce, Eduardo García Alfonso tiene una teoría, sustentada por restos arqueológicos de todo el entorno, según la cual, los primeros fenicios llegaron de Tiro y ocuparon una isla del delta del Guadalhorce, el yacimiento de La Rebanadilla, al lado del aeropuerto, con restos datados en la segunda mitad del siglo IX a.C. para luego pasar al islote del Cerro del Villar en la segunda mitad del siglo VIII a.C., cuando empeoran las condiciones de navegabilidad y se mudan a un sitio más próximo al mar abierto.

Tiro-Málaga: 4.000 kilómetros

¿Pero por qué recorrieron desde Tiro cerca de 4.000 kilómetros para recalar por barco en islotes del Guadalhorce? No cree el arqueólogo que se deba únicamente a la búsqueda de metales. «Hay una serie de causas muy complejas», asegura, y pone el ejemplo del nacimiento de Cartago, fundada a raíz de la salida de Tiro de un grupo de personas agrupadas en torno a la viuda de un rey depuesto.

«Cada vez estoy más convencido de que fue una colonización privada, no de tipo estatal», resalta y subraya que los fenicios que colonizaron las costas del Mediterráneo «no eran de los escalafones más bajos de la sociedad, eran gente muy vinculada a determinadas estructuras de poder, por los objetos que traen».

De la Torre, durante una visita al Cerro del Villar en enero de 2018.

Colonización pacífica

También se trató, subraya Eduardo García Alfonso, de una colonización pacífica, permitida por las tribus indígenas con las que se iban topando. En el caso del Cerro del Villar eso permitió que los fenicios se asentaran sin problemas en un islote del delta del río, mientras los indígenas vivían tierra adentro. «Así no intervienen en la forma de vida de la población local pero tampoco están demasiado lejos». En cuanto al número de colonizadores, el arqueólogo cree que «hablamos de unas pocas familias las que se instalan» y, posiblemente, en los primeros tiempos con la ayuda de intérpretes.

La llegada de los fenicios pronto revolucionará la vida de los indígenas. Así, el hierro permitirá aperos de labranza que roturan con más facilidad la tierra y la actual provincia de Málaga experimentará un gran crecimiento demográfico y nuevos poblamientos.

Las inundaciones del Guadalhorce, la progresiva desecación del entorno del islote y el hecho de que el río Guadalmedina, pese a su poco caudal tuviera mucha más profundidad y fuera más fácil la navegación -además de en un entorno natural muy defendido, con una península y un gran cerro- empujará a los habitantes del Cerro del Villar a fundar Malaka y a ir trasladándose a la nueva población. «El Cerro del Villar empieza a dar muestras de abandono a finales del siglo VII a.C., coincidiendo con los restos más antiguos de Málaga», apunta.

Eduardo García Alfonso cree que este es « un sitio privilegiado y las posibilidades de estudio, puesta en valor y musealización son muy grandes».

En enero de 2018, el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, visitó el yacimiento con la idea de apoyar un futuro parque arqueológico. Sacar del olvido, tras 15 años, el Cerro del Villar, regalaría a Málaga una ciudad fenicia sin precedentes.

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