02 de agosto de 2020
02.08.2020
La Opinión de Málaga
Crónicas de Málaga

¿Regeneración democrática?

El espectáculo en torno a Cassá está alcanzando cotas grotestas, de tal forma que el pleno, como está la ciudad, giró en torno a su figura en lugar de en cómo salir de la crisis

02.08.2020 | 05:00
Imagen del Pleno celebrado el pasado jueves.

Juan Cassá estaba callado. El ex portavoz municipal de Cs y ahora portavoz del equipo de gobierno de la Diputación Provincial no había hablado desde que abandonó, el pasado 4 de mayo, la formación naranja. Ha aguantado carros y carretas: de hecho, su partido ha tratado de que devuelva el acta y de que fuera declarado tránsfuga tanto en la institución supramunicipal como en el Ayuntamiento. Se le ha puesto a parir en las redes sociales y el pasado jueves, el día del pleno, algún desalmado no tuvo otra cosa que hacer que acercarse hasta su casa y quemarle la autocaravana. Hecha la heroicidad de la semana, ya puede sentirse orgulloso semejante energúmeno, si es que actuó solo. Cassá recibió en esa sesión plenaria, la última del curso político, el apoyo de todos los portavoces y, claro, vio cómo condenaban lo sucedido y deseaban una exitosa investigación policial. Pero, poco después, los mismos que se habían solidarizado con él pasaron a darle estopa de la buena, primero tratando de declararlo tránsfuga, lo que consiguió la moción del portavoz socialista, Daniel Pérez, y bajarle la asignación por ir a plenos y comisiones de pleno, una moción de Noelia Losada, actual portavoz de Ciudadanos, que una y otra vez tiene que hacer frente a las embestidas del alcalde, Francisco de la Torre, quien ya insinuó que, si eran demasiadas áreas, le quitaría alguna a Cs si los naranjas lo pedían; y esta semana, directamente, ha revelado una conversación privada con la edil de Cultura, Deporte y Teatinos en la que esta, según narró en rueda de prensa el regidor, le dijo que presentaba la moción para suprimir los emolumentos de Cassá porque su partido se lo había pedido.

Huelga decir que, en toda esta situación, el primer responsable es Cassá, por abandonar su formación, un partido que él muñó desde abajo en Málaga y que hizo grande, tan grande como para conseguir tres concejales y como para que las encuestas le dieran hasta seis o siete pasado el ecuador del pasado mandato. Sin embargo, el hecho de no plegarse a pactar con el PP cuando tenía a dos ediles imputados en el caso Villas del Arenal (pieza judicial hoy felizmente olvidada para los afectados) y las declaraciones que, antes de las elecciones de mayo de 2019, hizo en tal sentido, lo obligaron a dar un paso atrás cuando se negociaba el gobierno de coalición y a irse a la Diputación Provincial, dejando que Losada se tragara el sapo de entrar sola en el equipo de gobierno y hundiendo muchos puentes en esa huida que revelaba, sin embargo, una coherencia personal inaudita, porque se negó a comulgar con ruedas de molino. Luego estuvo callado, muy callado y se dedicó a recorrerse los pueblos de la provincia vendiendo esa coherencia y el no comulgar con ruedas de molino como símbolo de su integridad. Pero el pasado 4 de mayo se fue de Ciudadanos y, si no desde entonces, tal vez antes, se dejó querer por el PSOE. Y los rumores llevaban en volandas la noticia de que se muñía entre bastidores, entre bambalinas, una moción de censura para desalojar a Francisco de la Torre de la alcaldía, pero Elías Bendodo, consejero de la Presidencia de la Junta, que debe tener en Pulp Fiction una de sus películas preferidas por aquello de emular, a la perfección, las piruetas del Señor Lobo, intervino y arregló el desaguisado, haciendo que Cassá, en una pirueta inexplicable, pasara de los brazos de Pérez a los del presidente de la Diputación, Francis Salado, que lo nombró portavoz de su equipo de gobierno y le dio un área menor mientras que los diputados del PP proclamaban, sin descojonarse, que Cassá no formaba parte del equipo de gobierno. En esa transición personal, en ese cambio de pareceres, Daniel Pérez vio un acuerdo en A, que es el que conocemos todos, y quiere ver uno en B, que es por el que ha pedido explicaciones en declaraciones públicas.

Todo este baile de máscaras, y eso que no es carnaval, saltó por los aires el jueves pasado en el pleno, donde en vez de hablar de la gente que lo pasa mal y de cómo van a sacarnos nuestros políticos de esta situación, los ediles se dedicaron a debatir sobre Juan Cassá. No es que no hablaran de lo importante, claro, pero en relación al tiempo que le dedicaron a Cassá lo que realmente preocupa a los malagueños quedó en nada, un suspiro en mitad de una pléyade de lamentos. Y Cassá, después de escuchar cómo se hablaba de él, pidió e intervenir e intervino y defendió su derecho constitucional a discrepar y a ser edil no adscrito y señaló la «catadura moral» de Daniel Pérez, por decirle las cositas que le espetó el portavoz socialistas, y agregó que sólo ganaba 30 euros más netos al mes que antes de irse de Ciudadanos, que en ningún caso percibe 93.000 euros e hizo una declaración de amor, firmada de su puño y letra, al PP y al alcalde, quien, según él, le ha dado la vuelta a la ciudad hasta convertirla en una de las más envidiadas de Europa. De paso, la defensa cerrada que el alcalde hizo de Cassá sirvió para que el equipo de gobierno mostrara las primeras grietas, pues Losada votó con el PSOE y Adelante Málaga tanto para declarar tránsfuga a Cassá como para bajarle los emolumentos por ir a plenos y comisiones (500 euros por los primeros y 250 por las segundas). Jacobo Florido, edil de Recursos Humanos y pesadilla de Pérez, a quien llama «alcalde virtual» cada vez que se acuerda, dijo a Losada que ella había votado esas remuneraciones y no entendía por qué ahora se echaba para atrás. Fue desalentador, más allá de la orilla ideológica de unos y otros y del peso de los argumentos, hablar de ese dinero cuando hay gente que posiblemente antes de que acabe el año esté llamando a las puertas de los comedores sociales debido al maldito coronavirus. Pérez habló de regeneración democrática, de la importancia de aislar a Cassá y que nadie use su voto, aunque bien es cierto que antes ha habido ediles no adscritos, varios, por ejemplo Juan José Espinosa la pasada legislatura (tras el error de Podemos de aliarse con lo peor de la política malagueña, ya felizmente rectificado). El alcalde, por cierto, agradeció las palabras de Cassá: de no poder verse han pasado a llevarse como nunca; y Elisa Pérez de Siles, portavoz del PP, le recordó a Pérez la ristra de casos de corrupción del pasado socialista. Fue un pleno bronco, pasado de rosca, dramático casi en un tiempo que requiere otra cosa de los representantes institucionales, porque sí, cierto, hubo tres mociones sobre mascarillas y aplicaciones de rastreo de Covid-19; y otra en la que se habló de la necesidad de municipalizar el servicio de Parques y Jardines, y una sobre la okupación y varias sobre la cuarentena decretada por el Gobierno populista del Reino Unido o sobre el superávit de los ayuntamientos y la intención del Ejecutivo central, el mismo que se inventa los comités de expertos y aquí nadie dice nada,pero la verdadera regeneración democrática, el ejercicio verdaderamente transparente y limpio, hubiera sido hablar de lo que está ocurriendo en la ciudad, de las cosas de comer, del trabajo, no sobre el sueldo del asturiano que, bien es cierto, tiene derecho a ser edil no adscrito y a cambiar de ideas y pareceres, tal vez habría tenido de explicar mejor el porqué de esos vaivenes entre dos orillas ideológicas tan separadas entre sí. Y por qué no, cumplir con la carta ética que firmó.

Ahora sólo queda que algunos saquen la aguja y el hilo quirúrgico para coser la herida que se ha creado en el equipo de gobierno: Losada, como hemos dicho, votó con la oposición; Cassá está cabreado, y mucho, pero va a seguir votando con el PP; habrá que tratar de alimentar las lealtades de ambos hacia De la Torre y, además, hay que navegar con mucho mimo en una corporación en la que, como se ha visto, los populares pueden perder determinadas votaciones si no son capaces de contentar a Cassá y a Losada al mismo tiempo. Cambalaches en política siempre los ha habido, pero este tiempo requiere hablar menos del asturiano y más de las cosas del comer. La regeneración política pasa, inexcusablemente, por hablar de los problemas de la gente y tratar de solucionarlos, aunque lo fácil sea apuntar al asturiano. El PSOE y Losada han hecho lo que tenían que hacer, el alcalde y Cassá tampoco se salieron del guion.

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