13 de agosto de 2020
13.08.2020
La Opinión de Málaga
Crónicas de la Ciudad

Unos pinganillos para la Alegoría del Trabajo

Sin saberlo, la persona que le ha colgado unos auriculares al símbolo del Trabajo, al pie del marqués de Larios, ha retratado nuestra época de ensimismamiento y autoaplauso

13.08.2020 | 05:00
La escultura que simboliza los puestos de trabajo proporcionados por el II marqués de Larios parece estar en una pausa laboral, por el tono distendido y algo ensimismado que le proporcionan los auriculares que lleva al cuello.

Por fortuna para la buena salud de la lengua española, en el apartado de la tecnología -un negociado repleto de todo tipo de 'palabros' en inglés- tanto los auriculares como su equivalente más popular, los 'pinganillos', tienen más predicamento que algo tan formal como los 'headphones'o más bien 'earphones', 'palabros' de los que de momento nos libramos de usar en la calle.

Al menos en Málaga, 'pinganillo' tiene una doble acepción tecnológica, pues hace referencia tanto a los auriculares 'de cable' como al miniaricular que se coloca en una o dos orejas y que tanto prolifera en la películas de acción. Esta segunda acepción parece más extendida que la primera.

Eso de que sean objetos que se enganchen o 'cuelguen' de las orejas entronca con el significado original de 'pinganillo', una palabra castellana que hace referencia a los carámbanos de hielo.

Y a propósito, el pasado lunes a primera hora de la mañana, un carámbano tecnológico colgaba del cuello de la Alegoría del Trabajo, que forma parte del monumento al II Marqués de Larios.

Cierto es que Mariano Benlliure, uno de los grandes escultores españoles de todo los tiempos, no dedicó su vida a la realización de espléndidos monumentos públicos para que cualquier mindundi se los desgraciara, pero al igual que la Armada Invencible, toda obra artística emplazada en una vía pública en España tiene que bregar con los elementos.

Además, el cambio de sitio y de orientación del grupo escultórico de Benlliure, a raíz de la exótica semipeatonalización de la Alameda (la sombra para los coches, el sol para los peatones) ha implicado que sea mucho más accesible para cualquier tipo de bípedos.

Sólo hay que recordar que a la obra, cuando se encontraba en la isleta de la Alameda Principal, le habían colocado un artefacto y una salida de humos del parking de la Marina que hacían de parapeto antivándalo.

Eliminada la barrera, don Manuel Domingo Larios y el resto del grupo escultórico ya están, como quien dice, a tiro de piedra.

Y en el caso que nos ocupa, los pinganillos en el cuello de la alegoría parecían haber potenciado el ensimismamiento de la obra, que con esos auriculares da la impresión de tener la mirada mucho más perdida, imbuida o embuchada en su inabarcable mundo virtual.

También se apreciaban en el Trabajo síntomas de agotamiento, no sólo porque la industria musical lleve 15 años de reguetón y eso termina colapsando a cualquiera, sino además por la ingente labor de levantar, día a día, una autobiografía idílica en Instagram y familia, pues todo pinganillo implica el móvil y absortas redes sociales.

Quizás sin pretenderlo, esta acción es un simbólico retrato de nuestro época de ensimismamiento y autoaplauso. Atentos al inminente 'selfie' de tan trabajada alegoría.

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