16 de agosto de 2020
16.08.2020
La Opinión de Málaga
Mirando atrás

Guadalmedina, 1888: domar el río con una nueva ciudad

Antonio Santiago González publica 'Guadalmedina. El proyecto que pudo ser y no fue', que analiza los diferentes planes para solucionar las cíclicas inundaciones del río y se centra en el de 1888, que incluía construir un Ayuntamiento en su cauce

16.08.2020 | 05:00

De haberse llevado a cabo este proyecto 132 años atrás, Málaga habría tenido un aspecto difícil de imaginar, con todo el cauce del Guadalmedina, en su parte urbana, transformado en una avenida de edificios decimonónicos.

Habría ofrecido el panorama de una larguísima 'calle Larios' con fuentes, estatuas y plazas en el corazón del antiguo río, además de edificios para Ayuntamiento, Diputación y otros centros oficiales.

El escritor e investigador malagueño Antonio Santiago González Villena ha rescatado este proyecto de 1888, que se conserva en el Archivo Municipal, para reproducirlo casi en su integridad en el libro 'Guadalmedina. El proyecto que pudo ser y no fue', editado por Ediciones del Genal, con el respaldo de la Fundación Málaga.

«La primera vez que escribí sobre el Guadalmedina fue en 1990, tras las inundaciones de 1989. Fue un trabajo hecho con una impresora matricial y para que no se viera tan feo saqué fotocopias acuareladas a mano una por una», cuenta.

El deseo de reproducir ahora el proyecto de 1888 se debe, explica, a que no se conoce lo suficiente. El libro, de paso, realiza un recorrido histórico por las cíclicas inundaciones del Guadalmedina y los numerosos proyectos para remediarlas. Como recuerda, de 1544 data la «primera inundación seria» de Málaga a causa del río, por lo que el gobernador de la ciudad «indagó (...) cuidar que el río corriese sin daño para la ciudad haciendo que su canal estuviese siempre limpio y abierto para que sus aguas corriesen fácilmente».

Con el paso del tiempo y de las inundaciones se planteó abiertamente desviar su cauce desde fecha tan temprana como la segunda mitad del XVI.

En 1861, animado por el activo gobernador civil Antonio Guerola, el ingeniero de Caminos Pedro Antonio de Mesa, que por entonces andaba 'embarcado' en las obras del ferrocarril Málaga-Córdoba, planteó un proyecto para el río con dos opciones: en primer lugar, mejorar su encauzamiento y en segundo, desviarlo por encima de La Trinidad.

Aunque no se llevó a cabo, en 1877 otros dos ingenieros de Caminos, el afamado José María de Sancha y su compañero Luis Molini, revisaron el proyecto de Pedro Antonio de Mesa y acortaron en un kilómetro la longitud del nuevo canal de desvío. A su vez, se estableció que las obras se autofinanciarían con la venta de los solares resultantes en el cauce.

Cerca de diez años duraron los trámites para hacerlo realidad, a lo largo de los cuales la concesión tuvo que cambiar un par de veces de propietario, por la crisis económica que atravesaba Málaga. Finalmente, en 1888 el concesionario albaceteño Julio Navalón García presentó un proyecto de urbanización de los terrenos del Guadalmedina y «zonas adyacentes», ejecutado por el arquitecto Francisco de Paula Berrocal.

El plan incluía el desvío por encima de La Trinidad previsto por Pedro Antonio de Mesa, con las modificaciones de Sancha y Molini, así como costearlo con la urbanización del cauce. El 'nuevo' Guadalmedina desembocaría justo detrás del barrio de Huelin.

Una avenida de 4 kilómetros

En cuanto al proyecto de urbanización, planteaba en el antiguo cauce una gran vía de algo más de cuatro kilómetros de longitud y 40 metros ancho desde el mar hasta la huerta de Granadinos (donde comenzaba el desvío del río, a la altura del arroyo del Pescador).

Aparte de un par de calles laterales, el proyecto contemplaba a lo largo de esta nueva avenida seis plazas, dos de ellas elípticas y de gran tamaño, «la primera frente a Puerta Nueva, en la cual va el emplazamiento de la Casa Municipal» y la segunda frente a la Alameda Principal, para facilitar la comunicación con El Perchel.

El nuevo Ayuntamiento, que construiría a sus expensas el concesionario, fue un proyecto firmado por Francisco de Paula Berrocal y Manuel Rivera Valentín, tendría tres plantas y 2.030 metros cuadrados. El edificio consistorial era descrito en un documento posterior como «un edificio moderno y espacioso».

Como destaca Eduardo Fabre en un artículo para Isla de Arriarán de 2004, la expropiación de terrenos suponía además eliminar tanto la ermita de la Aurora como la iglesia de Santo Domingo, algo que el concesionario compensaría con la construcción de una parroquia «en la gran plaza de la avenida central», de la que el libro de Antonio Santiago González aporta los planos y los detalles de su construcción.

Además, Eduardo Fabre detalla en su trabajo que la nueva avenida supondría desplazar el Centro de Málaga al antiguo cauce, con una serie de edificios públicos, aparte del Ayuntamiento, como la Diputación, el Gobierno Civil, la Audiencia y la Academia Militar o bien la Capitanía General para el Norte de África, si finalmente se instalaba en Málaga.

Por cierto que la avenida contaría con una línea de tranvías, concedida a Julio Navalón por 99 años, quien además tendría la explotación durante dos décadas «de las sillas que se coloquen en los paseos públicos».

Con un presupuesto de 3.481.700 pesetas, quedó estipulado que el Ayuntamiento iniciaría las obras, expropiación de terrenos aparte, valorada en 138.061 pesetas. El nudo gordiano fue la falta de dinero del Consistorio, incluso para pagar la expropiación de los terrenos donde iría el nuevo cauce. Las dificultades administrativas y económicas y la temprana muerte de Navalón terminaron aparcando el proyecto más ambicioso de desvío del Guadalmedina, pues soñó con levantar un barrio nuevo de Málaga repleto de edificios públicos.

Todavía con el río como asignatura pendiente, Antonio Santiago González aboga por una doble actuación estética e hidrológica, con una «canalización grande» bajo el cauce que evacue las avenidas y en la superficie, «desde la desembocadura al puente de Tetuán que se mezcle el agua del mar con la de desagüe, con jardines laterales y sus barcas como en El Retiro».

Para el tramo del puente de Tetuán al de la Aurora, «jardines, con árboles que no estorben y césped y de calle Mármoles al puente de Armiñán pistas de tenis, de pádel, campos de fútbol y muchos puentes para los peatones», resalta.

De momento, 132 años después del proyecto de Julio Navalón, la reforma del Guadalmedina sigue siendo pura teoría.

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