09 de julio de 2008
09.07.2008

El estrecho de la muerte

09.07.2008 | 02:00

Carlos Carnicero

El estrecho de Gibraltar ha vuelto a tragarse a catorce inmigrantes que trataban de llegar a las costas de Granada en un acto desesperado por salir de la miseria. El panorama que les aguarda a quienes arrostran la travesía en frágiles pateras o cayucos es demoledor. Un porcentaje morirá ahogado en el intento. Nunca llegaremos a saber el número exacto de personas que han perecido en el mar tratando de llegar a Canarias o a las costas de la península. Los que consigan llegar a tierra serán interceptados, en la mayoría de los casos, y serán encerrados en un centro de internamiento en espera de su expulsión. Con la nueva reglamentación europea podrán estar hasta dieciocho meses en esa situación de indefensión jurídica, aunque el gobierno español, de momento y de palabra, se ha comprometido a un periodo máximo de internamiento de sesenta días. Siempre podrá cambiar de criterio, porque no hay ningún compromiso formal que se lo impida. Finalmente, quienes consigan tocar tierra y no ser detenidos, tendrán que esconderse como animales acechados para no ser detectados en las redadas contra inmigrantes. Tendrán que buscar un trabajo irregular y sin papeles, en el que sufrirán, en el mejor de los casos, condiciones terribles de empleo precario.
Este es el destino final de esas travesías peligrosas. Mientras tanto, la crisis alimentaría mundial encarece la vida y aumenta las dificultades del tercer mundo sin que ninguna de las cumbres internacionales que se han celebrado con este motivo aventure alguna medida de éxito contra los mercados de futuros y los sistemas de expectación que amenazan el futuro de una gran parte de la humanidad. Europa no tiene ninguna solución a las avalanchas migratorias que obligatoriamente se producirán. Sólo medidas policiales, cierre más eficaz de fronteras y disposiciones más duras de repatriación. No hay ninguna posibilidad de que los peligrosos viajes por el estrecho se reduzcan porque la desesperación humana no entiende de conductas razonables. Por lo menos debemos recordar estas tragedias del estrecho que cada año se traga a un montón de seres humanos sin que la sociedad se sobrecoja.

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