22 de julio de 2010
22.07.2010

Un, dos, tres, pollito inglés

22.07.2010 | 07:00

Aunque habitualmente las acciones manifiestan poder, también el poder puede expresarse por no hacer y resistir estoicamente presiones de una realidad solícita de una reacción diferente a la mantenida. La permanencia de la valla portuaria, es un ejemplo de esto último, en tiempos en que las ciudades integran los espacios portuarios, actividad mercantil mediante, a la red de espacios públicos que conforman su entramado urbano y configuran el escenario vital de una ciudad.
Recuerdo los diagramas de Euler-Venn que D. Ángel Girón explicaba como un mago en el Colegio Los Olivos, para ordenar la realidad y volverla comprensible. A estas alturas, aun no sé, o no quiero resignarme a saber, si la ciudad y su puerto están en el mismo conjunto, si uno incluye al otro, si son tangentes en la puerta de acceso al «recinto portuario» o si son dos conjuntos próximos que gestionan sus competencias legales independientemente. –«Buenos días Puerto»; –«buenos días Málaga». La relación vecinal siempre educada, y respetuosa, resulta deficiente y muy alejada de los deseos de quienes vivimos esta ciudad. Unas aspiraciones que se han expresado tanto desde la sociedad civil, como desde la gestión municipal. Recientemente el OMAU trató el desarrollo de ciudades portuarias bajo nuevos conceptos de sostenibilidad; y ya durante la gestación del Plan del Puerto, el Colegio de Arquitectos de Málaga propició a través del Seminario «El Proyecto en la Transformación de la Ciudad», una reflexión sobre las optimistas posibilidades que entonces parecían evidentes.
A veces las cosas no suceden porque sin intereses generales elocuentes y aceptados, todo se reduce a negociaciones económicas, en cuyo trasiego, tal vez una de las partes pida demasiado; o la otra no sea capaz de mirar más allá de sus legítimas competencias legales para comprender el deseo de la mayoría y contribuir generosamente, en el ejercicio de su poder, a unas aspiraciones ciudadanas evidentes. La valla del Puerto vuelve a convertirse en un gigantesco ciempiés que se despereza un poco; y nos muestra su blanco lomo para, «tal vez», volver a enroscarse sobre un puerto ensimismado. Del resultado de esta decisión el Puerto será ciudad de Málaga o sólo un rentable parque temático adosado a la ciudad.

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